Fue precisamente de las tres leyes de #Kepler de donde #Newton extrajo la ley de la atracción universal, ley que debía ofrecer una explicación clara y sencilla del movimiento de los planetas en el marco de las leyes físicas verificadas sobre nuestro planeta al tiempo que arrancaba definitivamente a la astronomía aquel papel divino que hasta entonces había ido manteniendo frente a la ciencia.

Es fácil comprender el entusiasmo de Kepler ante su descubrimiento. "Mi libro puede que sea leído ahora o dentro de muchos años en el futuro, eso importa poco. Un lector bien puede esperar cien años si lo desea. Dios ha tenido que esperar seis mil años antes de que apareciera un contemplador de Su obra..." Y dada la entidad de su publicación, podemos comprender perfectamente la falta de modestia del astrónomo.

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Parece casi imposible que tan precisas descripciones de los movimientos de los cuerpos celestes, cuya validez persiste aún hoy en día, fueran deducidas de observaciones efectuadas prácticamente a simple vista. La introducción de instrumentos ampliadores de la capacidad intrínseca del ojo humano sentó las bases de un progreso colosal, y puede afirmarse que todo progreso astronómico ulterior vino condicionado por el perfeccionamiento de tales instrumentos.

Parece ser que los primeros telescopios se inventaron en Holanda a comienzos del siglo XVII, y tenemos la certeza de que en 1610 Galileo conocía ya dicho instrumento, que ofreció uno a Leonardo Donato, el por entonces Dux de Venecia (Ésto le supuso al científico veneciano una duplicación de sus estipendios).

El telescopio de Galileo estaba constituído por dos lentes, un objetivo convexo y un ocular cóncavo, y había sido el propio Kepler quien por primera vez en su Dióptrica, expusiera los rudimentos de su teoría.

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Nos enfrentamos con la imposibilidad tácita de enfrentar aquí el desarrollo histórico del perfeccionamiento de éste instrumento fundamental para la ciencia astronómica, a la que se halla indisolublemente asociado.

Baste decir que mientras los primeros telescopios construídos por Galileo producían un aumento de alrededor de los treinta diámetros, con lo que ya permitían la observación de las montañas lunares y el descubrimiento de los satélites de Júpiter. En 1655 se descubría el primer satélite de Saturno (Titán) y en 1659 quedaba claramente elucidada (aclarada, explicada) la naturaleza de los anillos de éste planeta. #Modernidad