La #Sexualidad humana está sujeta a la influencia de multitud de factores culturales e individuales, y las pautas y preferencias sexuales son muy diversas. Sin embargo, no podemos negar que algunas son muy comunes y que otras, en cambio, resultan realmente extrañas. A estas pautas o preferencias sexuales poco comunes las llamamos #parafilias, un término que hace unos años sustituyó a lo que anteriormente se llamaba "perversión".

¿Qué son las parafilias?

Las parafilias son pautas de conducta repetitivas y reiteradas en las que el placer sexual se alcanza con objetos y situaciones inusuales y extravagantes. Engloba prácticas o gustos muy diversos y dispares, lo que ha dificultado enormemente identificarlas y definirlas.

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De esta forma, el concepto de parafilia incluye conductas tales como el fetichismo (pauta de conducta en la que aparecen pautas, deseos, fantasías o prácticas a partir de prendas de vestir o partes del cuerpo), el masoquismo (estimulación sexual a partir del dolor y la humillación), dendrofilia (atracción sexual hacia los árboles y las plantas, incluyendo su uso como objetos sexuales) o higrofilia (excitación producida por los fluidos corporales).

A un gran porcentaje de la población le gusta sentir, ocasionalmente, un leve dolor durante el acto sexual, en cambio, creemos que el sadomasoquismo es una pauta sexual claramente minoritaria. De la misma forma, se considera normal que ciertos objetos como los zapatos de tacón y la lencería evoquen deseo sexual, cuando el fetichismo es, en realidad, una forma de parafilia.

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Entonces, ¿dónde ponemos el límite entre una conducta parafílica y una normal?

¿En qué se diferencian las parafilias?

No se consideran parafílicas las personas que practican ciertas prácticas sexuales (por muy extrañas que resulten), si esas no son la única forma con la que alcanzan goce sexual. Por el contrario, cuando esta forma de sexo es exclusiva, es decir, no se puede experimentar placer sin recurrir a ella, hablamos de parafilia.

Así, el sadomasoquismo es, simplemente, una práctica erótica que condimenta y complementa la relación sexual siempre y cuando no sea indispensable para obtener el orgasmo. En cambio, si la pareja necesita recibir y/o proporcionar dolor para experimentar placer, el condimento se convierte en parafilia.

Y con sadomasoquismo o no, una práctica sexual es parafílica cuando se lleva a cabo sin el consentimiento de la otra persona. Es decir, si alguno de los involucrados no es consciente o no participa en el acto de forma voluntaria. La Asociación de Psiquiatría Americana (APA) establece que las parafilias son trastorno sexual y que pueden considerarse como tales cuando están presentes durante al menos seis meses y producen un daño clínico significativo.

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De esta forma, queda claro que no tienen porque ser parafílicas aquellas personas que tienen preferencias inusuales y extrañas. La excitación ante la presencia de árboles, rayos, agua o música es totalmente sana siempre y cuando no sea destructiva o obsesiva.

La conclusión de todo esto es que no hay que preocuparse por el hecho de tener gustos un tanto peculiares. Si no hacen ningún daño a nadie (incluidos nosotros mismos), ¿cuál es problema?