Gepetto le dijo a Pinocho: "- Deberás distinguir entre el bien y el mal. - ¿Bien y el mal? ¿Y cómo sabré? - Tu conciencia te lo dirá. - ¿Qué es conciencia? - ¿Qué es conciencia? Te lo diré. La conciencia es esa débil voz interior que nadie escucha, por eso el mundo anda tan mal".

La conciencia, efectivamente, la podríamos definir como esa capacidad que tenemos para discernir lo que está bien y mal, tan reflexionada por los filósofos de todas las épocas. Cuando una persona miente, puede ser consciente en mayor o menor medida de su acto, ya que la sensibilidad ante el engaño es algo que puede modificarse mediante ´la reincidencia (al igual que ocurre con el cuerpo, al ser torturado una otra vez).

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La conciencia, además, puede dificultarnos la detección de una #Mentira, que sí puede ser detectada por nuestro inconsciente.

En esta ocasión, un equipo de la Universidad de College (Londres), ha realizado una serie de experimentos para averiguar lo que ocurre en nuestro #Cerebro cuando mentimos, gracias a 80 voluntarios dispuestos a someterse a varias pruebas. La amígdala es un elemento clave en estos experimentos, es nada menos la que limita nuestra mentira.

La prueba consistió en adivinar la cantidad de monedas que contenía un frasco de vidrio, para posteriormente enviar sus cuentas a otros participantes. Los casos fueron diferentes: Algunos debían aproximarse a la cifra real para que el tanto ellos como los receptores ganasen, otros subestimar o sobrestimar su cálculo les reportaría ganancias frente a sus compañeros, etc.

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El interés, el deseo de beneficiarse, provocó en algunos casos la mentira, y la amígdala, que registra la aversión a los casos que consideramos malos o inmorales (que pueden variar en cada persona o cultura), iba perdiendo cada vez más sensibilidad. De esta manera, si tomamos la mentira por costumbre, como lo hacen algunos conocidos personajes que todos sabemos (las más de las veces por beneficios personales), la respuesta de nuestra amígdala se verá reducida, aceptando falsedades de insospechada magnitud.

A modo de reflexión, considero que ser consciente de esto no debe ser un motivo para tomar la mentira como hábito, ni mucho menos. Si bien es verdad que en ocasiones lo más ético y #Moral quizás sea una mentira, pues en última instancia todo depende de las circunstancias. Os invito a reflexionar amigos.