El pintor ruso Wassily Kandinsky dijo una vez: “los violines, los contrabajos, y muy especialmente los instrumentos de viento, personifican para mí toda la fuerza de las horas del crepúsculo. Mentalmente veo todos mis colores, los tengo ante mis ojos”. Todos conocemos la palabra “anestesia”, que significa ninguna sensación. Por lo tanto “#sinestesia” (syn=junto + aesthesis=sensación), significa sensaciones unidas. Pero, ¿qué es esto de la fusión de sensaciones? ¿Ves colores al escuchar música? ¿Sientes determinados sabores cuando hablas con alguien? ¿Puedes pintar sinfonías? ¿Saboreas formas? ¿De qué color son los números? ¿Ves círculos coloridos cada vez que ladra tu perro? ¿Te cae bien alguna letra?

La sinestesia se vive, sus percepciones son reales.

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Unas áreas sensoriales del cerebro activan a otras, involuntariamente. No tiene nada que ver con la alucinación; el sinestésico puede ver la realidad, sabe que las letras del periódico son negras, pero a su vez, internamente, vive una experiencia diferente (bien de color, sabor, formas...). Es común en el lenguaje el uso cotidiano de palabras sinestésicas, como corbata chillona, sonrisa fría, sensación agridulce, experiencia amarga, humor ácido, nota suave... Todo esto confirma de nuevo que la realidad que percibimos es mucho más subjetiva de lo que suponemos. Se trata de una reconstrucción de nuestro cerebro, que en realidad no busca la verdad, sino sobrevivir.

La sinestesia es algo que se hereda genéticamente. Se transmite por el cromosoma X, por lo tanto, puede ir de padre a hija, o de madre hija o hijo.

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Por esta razón, hay muchas más mujeres sinestésicas. En cuanto a sus tipos: Grafema-Color (ver colores en letras, números o palabras), #Música-Color (ver colores y formas al escuchar sonidos), Léxico-Gusto (letras o palabras evocan sensaciones gustativas), Personificación (divisar la personalidad de números o letras por ejemplo). Lo curioso es que todos los humanos nacemos sinestésicos, hasta los 3 o 4 meses, pero algunas personas no pierden estas conexiones sinápticas entre los sentidos. Si eres una de ellas, sigue disfrutando en tu rico mundo de interconexión sensorial, y aprovechándolo para darle tu toque personal a este mundo tan fascinante.

No puedo acabar este artículo sin contaros alguna que otra anécdota. El novelista Vladimir Navokov, con apenas 3 años, se quejó a su madre, porque los colores de las letras de un juego no se correspondían con la realidad. Decía que la A no era roja, sino azul. El compositor Franz Liszt, en Viena, dijo a la orquesta: "un violeta profundo por favor, no tan rosa". Daniel Tammet, prodigio en el desarrollo de cálculos complejos y aprendizaje de muchas lenguas, considera el número pi (el cual conoce muy bien)  "especialmente hermoso". No olvidemos que todas estas experiencias no son metafóricas, sino percepciones. Es una fusión de sentidos automática e involuntaria, como una percepción añadida que nos aporta una enorme riqueza de sensaciones. #lenguaje