Abres el envoltorio y el aroma afrutado consigue que se te haga la boca agua. Sonríes y te echas el #chicle a la boca. Tus mandíbulas cobran vida propia y, de pronto, comienzan a salivar y masticar sin darte casi cuenta. Masticas un poco más hasta ablandar la goma y haces una pompa. Pop. Explota y vuelves a sonreír, ¡es inevitable! ¿Sabes por qué?

¿Te has planteado alguna vez lo que sucede en tu cerebro mientras comes chicle?

Los chicles que comemos en la actualidad, elaborados a base de goma de xantana, producen en nosotros una serie de curiosos efectos neurológicos en los que quizá jamás hayamos reparado, como por ejemplo, el aumento de la concentración o la mejora de la memoria.

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Algunos experimentos han corroborado incluso que comer chicles de forma regular, ayuda a combatir la demencia y a prevenir el Alzheimer.

Masticar chicle es genial, nadie puede negarlo; ¡resulta tan estimulante que no son pocos los experimentos que han demostrado que su consumo repercute directamente en nuestro estado de ánimo! ¿Pero, cómo una pequeña goma con sabor consigue todo esto?

Masticar lo es todo

Al masticar chicle, nuestra mandíbula se relaja y nuestro cuerpo comienza a liberar hormonas antiestrés. Estas hormonas son las responsables de que seamos capaces de concentrarnos en la actividad que estamos realizando, lo que a largo plazo, nos ayuda a mantener una mente sana y una memoria de hierro. Algunos experimentos, como los realizados por el Dr. Scholey en la Universidad de Northumbria, revelan que masticar chicle aumenta nuestra frecuencia cardiaca, procurando así un mejor flujo de oxígeno para nuestro cerebro.

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A raíz de estos experimentos, el Dr. Scholey comenzó a plantearse la posibilidad de que este mascar produjera también la liberación de insulina, una hormona que ha sido directamente relacionada con la prevención de la enfermedad degenerativa del Alzheimer.

Por otro lado, son numerosos los estudios que reflejan una mejora de la productividad y los procesos cognitivos, gracias a la correcta producción de cortisol, una hormona que incrementa nuestro estado de alerta y reduce la somnolencia, reduciendo nuestro tiempo de reacción a la hora de realizar tareas que precisen de cierta lógica. ¡Mejor que el café!

“De pequeño no me dejaban comer chicle, decían que no era bueno para los dientes.”

¿Seguro? Mascar chicle sin azúcar estimula la salivación, que reduce los niveles de acidez y la concentración bacteriana de nuestras bocas, producidas por todos los alimentos y bebidas que injerimos a lo largo del día. Además, esa saliva que los chicles nos ayudan a segregar, está repleta de calcio y hierro, por lo que nos ayudará a reforzar nuestras dentaduras.

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Y no hablemos de las caries, ¿sabías que los chicles contienen xilitol, el mismo ingrediente que la mayoría de pastas de dientes del mercado? Si además, el chicle es de menta, contribuirá a reducir las contracciones que produce el estómago cuando estamos mareados.

Ahora que sabes lo que pasa en tu cerebro cuando comes chicle, qué, ¿te apetece uno?

Algunas curiosidades extra sobre el chicle

  • El chicle estaba originalmente compuesto por la savia del árbol que le da su nombre, el chiclero, de sabor dulce y aromático.
  • La primera goma de mascar que llegó al mercado fue State of Maine Pure Spruce Gum, en 1848, inventada por John Curtis.
  • En 1941, durante la guerra de Vietnam, a los soldados se les repartía chicles junto a sus #comidas.
  • El primer objeto que se escaneó con un código de barras en un supermercado, no fue otro que un paquete de chicles en Ohio en 1974.