Ninguna de las dos formas de agricultura está exenta de problemas. La agricultura ecológica es menos intrusiva con el medio ambiente y por tanto más cuidadosa con la Naturaleza, frente a la agricultura de intensidad que se ha valido hasta la fecha de fertilizantes y productos químicos para solventar plagas y sobre todo ver por su rentabilidad, en muchas ocasiones con riesgos evidentes contra el medio ambiente.

Pero ni tanto ni tampoco, no todo lo que ilumina el sol Eco, es tan positivo, ni lo que está tras la agricultura de intensidad son los beneficios maléficos de monopolios sin piedad. Los transgénicos también son otro campo de batalla -que tiene sus peligros en el monopolio-, prevenidos de ciertos riesgos, el caso de piensos inapropiados o abiertamente peligrosos, también tienen éxitos como el arroz dorado, avalado por más de 100 científicos de gran nivel para solventar la escasez de vitaminas del famoso cereal.

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Realizando una síntesis de los pros y contras, y finalmente una conclusión de las bondades de ambos tipos de explotación, en primer lugar habría que poner sobre aviso que toda acción del hombre sobre la Naturaleza genera un impacto ambiental y la agricultura tanto intensiva como la ecológica lo tiene. Cuanto más se cultiva y más espacio se necesita, la destrucción de la biodiversidad es mayor.

Se cierto que la agricultura ecológica tiene menos efectos sobre el medio ambiente respecto a la de intensidad. Pero la cultura Eco, En España tiene voces críticas como el caso del investigador en biología molecular y profesor de la Universidad de Valencia, José Miguel Mulet, "no hay diferencias relevantes entre la ecoagricultura y la agricultura convencional", frente a otras voces pro Ecoagricolas, su colega la doctora en genética molecular, Elena Álvarez-Buylla "los transgénicos son una bomba de relojería". Lo que parece cierto es que la Ecoagricultura, sobre todo por sus métodos de producción altera mucho menos la biodiversidad, siempre y cuando no hablemos tampoco de grandes extensiones de cultivo.

Otro de los valores que se le podía atribuir a la Ecoagricultura era el sabor de los productos Eco era mucho más sabrosos e intensos que los de agricultura convencional.

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Tanto unos como otros si no se dejan madurar no tendrían diferencia. La agricultura convencional recoge antes del tiempo de maduración. Ese proceso se realiza en las cajas y en el transporte. La agricultura Eco nos tiene acostumbrado a entregarnos el tomate ya maduro, respetando los tiempos. La rentabilidad es otro de los frentes, aunque reduce el uso de pesticidas en casi la totalidad y el de energía y fertilizantes, tiene un problema de productividad, un 20% menos que la agricultura convencional. Esto se podría equilibrar con mayor espacio cultivable, que afectaría al impacto ambiental. En Europa y Estados Unidos se podría solventar esta situación porque tienen excedentes, pero la rentabilidad es esencial para la propia viabilidad del proyecto. Sobre este punto ahonda la opinión de Enrique Matarranz, Ingeniero Agrónomo de viveros en Segovia, cuando se expone otro de los riesgos, las plagas “Siempre hay un peligro, porque no puedes dejar de producir y que un insecto o un hongo te destrocen la cosecha.

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Por esta razón, aunque la agricultura Eco tiene sus recursos, tampoco pueden tener plagas, tienen medios naturales para combatirlas pero si no funcionan, tendrían que combatirlo de alguna manera para mantener siempre la producción”.

La utilización de productos químicos, otros de los inconvenientes, que la agricultura ecológica admite, no todos son tan biodegradables, el cobre tiene también sus peligros… Parece que hay contradicciones, pero sí que se están construyendo los puentes para la integración, la Eco agricultura impacta menos, pero probablemente no ha llegado a los niveles de eficacia de la agricultura intregral. El 5% de los cultivos españoles combina las dos modalidades y coge lo mejor de dos mundos. #Alimentos