Es una droga empleada como anestésico en humanos y animales, también es consumida de forma recreativa e ilegal ya que en altas dosis distorsiona las percepciones auditivas y visuales. Entre sus efectos destacan sedación, anestesia y alucinaciones, pero también produce broncodilatación, analgesia y últimamente se determinó su efectividad en el tratamiento de pacientes con depresión mayor y trastorno bipolar.

Acorde con una investigación de la Yale School of Medicine (Estados Unidos), la ketamina actúa como el antidepresivo más rápido jamás creado. Fue administrado en pacientes que no respondían al tratamiento con antidepresivos tradicionales y se demostró que una sola dosis elimina los síntomas de la depresión en aproximadamente dos horas.

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Lo que fácil viene, fácil se va

Mientras los antidepresivos tradicionales tardan semanas en actuar, la Ketamina lo hace en un par de horas, pero la sensación de bienestar así como llega se va. El alivio de los síntomas después de una dosis sólo dura de siete a diez días, por lo que el paciente se ve obligado a repetir su consumo para sentir de nuevo sus efectos. Esto promueve que su uso siga siendo controvertido al implicar un elevado riesgo de adicción.

En este sentido, la Ketamina no constituye la cura definitiva del trastorno depresivo, es solamente otro tratamiento más para el alivio de sus síntomas.

Por su parte, una investigación de la Escuela de Medicina de la Universidad de Maryland (Estados Unidos) asegura haber encontrado el componente de la Ketamina que origina sus bondades antidepresivas.

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La llamaron ‘hidroxinorketamina’. Los investigadores aseguran haber logrado separar lo mejor de lo peor de ella al aislar sus graves y adictivos efectos secundarios. Asimismo, el estudio reveló que sus beneficios antidepresivos se perciben en menos de 24 horas; no obstante, es importante señalar que esto solamente ha sido estudiado en ratones.

¿Cómo se sabe si un ratón está deprimido? ¡La pregunta del millón!

Estos roedores son sometidos a un estrés crónico que les desencadena un comportamiento similar al de los humanos depresivos: ansiedad, disminución de la interacción social y falta de interés en actividades placenteras como comer y tener sexo. Luego, sus pequeños cerebros serán diseccionados para comparar su actividad neuroquímica con la del cerebro humano.

Todo esto pinta muy bien pero hablamos de un estado inducido en un animal, es decir, el proceso depresivo en hombres y mujeres respondería a factores psicológicos propios de la vida humana mucho más complejos que las causas artificiales que estresan al ratón.

 

En definitiva, para proclamar la cura de una enfermedad se debe comprobar que la desaparición de sus síntomas es permanente, por lo tanto, ya no sería necesario continuar tomando la droga. Faltaría poco para que la ‘hidroxinorketamina’ sea probada en humanos voluntarios, pero falta mucho para conocer sus verdaderos efectos a largo plazo.

 

#Drogas #Calidad de vida #Salud