El 26 de noviembre de 1922, Howard Carter descubría la puerta que accedía a la tumba del faraón Tutankamón. Allí, pudo contemplar los tesoros que yacían en la sala y a los que describió: "están fuera del ámbito terrestre". Y no podía estar más en lo cierto.

En el sarcófago, junto a la momia, encontraron dos dagas: una de oro y otra de hierro. Esta última, colocada sobre el muslo derecho, es la que ha despertado el interés de los investigadores por lucir una hoja sin oxidar finamente trabajada. El puñal se completa con una empuñadura de oro con pomo de cristal de roca y una funda, también de oro, ornamentada en un lado con motivos florales y de otro con plumas, rematada con la cabeza de un chacal.

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Pero lo significativo es su hoja, fabricada con hierro procedente de fuera de la Tierra (un meteorito), lo que la convierte en un objeto singular.

Una investigación reciente, publicada en la revista Meteoritics & Planetary Science, desarrollada por un equipo multidisciplinar de expertos procedentes de las universidades Politécnica de Milán, Turín y Pisa (Italia) y Fayum (Egipto) y el Museo de Antigüedades egipcias de El Cairo, lo confirma. Al analizar la composición del hierro, se observó que los altos niveles de níquel no correspondía con ningún material terrestre. El mineral de hierro extraído de las canteras tiene un 4% de níquel como máximo y la hoja de hierro de la daga registraba un 11%.

La daga que vino de las estrellas

Para su estudio, se utilizó una técnica no invasiva, mediante la fluorescencia de rayos X.

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La composición resultante se comparó con muestras de 76 meteoritos y, aunque se hallaron bastantes similitudes, los resultados no llegaron a ser exactos. Los investigadores esperan que en un futuro con nuevas herramientas y con un estudio microestructural se pueda averiguar las técnicas de fabricación y si pudieron interferir en su composición.

No es la primera prueba que se le realiza. En los laboratorios del Museo Egipcio de Tahrir, en 1973, un examen ya contempló la posibilidad de un origen extraterrestre por los altos porcentajes de níquel, pero nunca salió a la luz y se desconoce las técnicas empleadas.

Dos décadas después, un nuevo análisis, también realizado por fluorescencia de rayos X, concluía que el contenido presente de níquel era incompatible con el hierro meteorítico. Los actuales investigadores alegan que en 20 años se han mejorado considerablemente los detectores y los rayos X empleados, para justificar que el empleo de la misma técnica arroje resultados completamente antagónicos.

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La maldición del faraón niño

Sin duda alguna, este descubrimiento avivará las especulaciones y el misterio que, desde siempre, ha rodeado al Antiguo Egipto relacionándolo con la vida extraterrestre. Para acrecentar la intriga, el propietario de la daga, Tutankamón, es el protagonista de una maldición. Durante años, se creía que toda persona que entrara en contacto con la momia o con algún objeto relacionado con el faraón, moría. Esta leyenda se fue alimentando de una concatenación de trágicos sucesos y defunciones.

Comenzó con la muerte del mecenas Lord Carnavon, apenas diez meses después de haber entrado en la Cámara Real. Para 1935 la cifra total de muertos relacionados con Tutankamón sumaba veintiuno.

Pero la lista es más larga y llega hasta la década de los 80. ¿Casualidad o superstición? #Investigación científica #Arqueología