El 2 de marzo de 1972, se lanzó al espacio la sonda Pioneer 10. Contenía un mensaje dirigido a criaturas de otros mundos. Aunque su misión era aproximarse a Júpiter, finalmente aceleró para alejarse del Sistema Solar. En 2003, se perdió el contacto con la nave, cuando estaba a 12.000 millones de km de la Tierra. La idea de que portara un mensaje destinado a presuntos alienígenas partió de los escritores Eric Burgess y Richard Hoagland. Pensaron que el astrónomo Carl Sagan era el mejor candidato para convencer a la #NASA del proyecto. A Sagan le encantó la idea. Y a la NASA también. Sagan y su colega Frank Drake, pionero en la búsqueda de inteligencias extraterrestres mediante ondas radioeléctricas, se pusieron manos a la obra para diseñar el mensaje.

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Pensaron que lo principal era añadir imágenes de seres humanos, un diagrama del Sistema Solar y señalar el lugar que ocupa en nuestra galaxia

Linda Salzman y Sagan se casaron el 6 de abril de 1968. Linda provenía del mundo del arte y se sentía atraída por la "new age". Sagan, por esas fechas, intentaba convencer a la Asociación Americana para el Avance de las Ciencias (AAAS) de la necesidad de organizar un simposio sobre OVNIs. La AAAS aceptó la propuesta y el evento se llevó a cabo en diciembre de 1969. No hubo consenso entre escépticos y creyentes. Sagan decidió entonces tomar derroteros exclusivamente científicos para lograr un eventual contacto con extraterrestres, alejándose del tema OVNI que tanto le atrajo en su juventud, cuando pasaba horas oteando el firmamento en busca de platillos volantes.

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Mientras Drake se encargaba de elaborar el mapa estelar, Linda esbozó un dibujo de un hombre y una mujer desnudos para incluirlo en la placa bañada en oro de la Pioneer 10. Se basó en los modelos clásicos de la escultura griega y en los dibujos de Leonardo da Vinci. "Tan consciente de la diversidad como su marido, intentó dibujar figuras de etnias compuestas. Su dibujo de la mujer mezclaba rasgos asiáticos y europeos. El hombre era una mezcla de africano y europeo", explica William Poundstone, autor de Carl Sagan. Una vida en el cosmos (Ediciones Akal, 2015). Pero los desnudos suscitaron muchas objeciones entre los conservadores y las feministas más radicales. Los primeros, consideraron inapropiado enviar al espacio unos dibujos pornográficos (sic). Ciertos periódicos, como el Chicago Sun Times, borraron los genitales del varón. El Inquirer de Filadelfia suprimió los pezones de la mujer. La Catholica Review adujo que lo correcto hubiese sido dibujar a dos personas orando en vez de mostrarlas desnudas.

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Y añadió: "Lo incluye todo excepto Dios". Otros afirmaron que el saludo del hombre con la mano alzada podría ser interpretado por los extraterrestres como un gesto amenazante. Recordaba al saludo nazi, manifestaron. Las feministas, por su parte, se quejaron de que la mujer mantuviera una actitud pasiva, sin saludar. El hecho de que no apareciera definida la vagina fue otra de sus críticas. Una feminista bastante enojada escribió en el New York Times que le encantaría "¡cortar el brazo derecho del hombre!".

Sagan salió al paso de todas esas absurdas críticas alegando que: "El mensaje que llevaba a bordo el Pioneer 10 ha sido una auténtica diversión. Pero también ha sido algo más que eso. Es una especie de prueba cósmica Rorschach, en la cual muchas personas ven reflejadas sus esperanzas y temores, sus aspiraciones y derrotas, los más oscuros y los más luminosos aspectos del espíritu humano". #Investigación científica