Hoy en día, ¿alguien sabría diferenciar entre un bebé que haya sido alimentado por la lactancia materna o un bebé que haya sido alimentando con biberón, con el simple hecho de verlos en la guardería? ¿Y si se tratase de una clase en primaria o secundaria?

Amy Tuteur, una conocida ginecóloga estadounidense, expresa en la revista Time su denuncia ya que atiende a mujeres que se sienten mal e identificadas por no poder darle el pecho a sus hijos. La presión que esto conlleva produce un malestar en la persona, sin embargo, en la mayoría de países y potencias mundiales, las diferencias entre la leche materna y la artificial es mínima, sin apenas notar nada en su consumo.

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La Organización Mundial de la Salud ha hecho especial hincapié en el consumo de la leche materna, especialmente indica el uso exclusivo de esta al menos durante los seis primeros meses de los pequeños. Esta organización intenta mostrar sus investigaciones tanto en países poco desarrollado como en desarrollados, pero aún no ha conseguido establecer con éxito sus indicaciones.

Según un estudio, en los países subdesarrollados solo un bebé de cada tres es alimentado con leche materna durante los seis primeros meses de vida, y el resto son tratados con complementos o derivados lácteos. Sin embargo, podría darse el caso contrario en los países desarrollados, pero las cifras no aumentan y existe un consumo excesivo de preparados lácteos para la lactancia de los bebés.

Estas investigaciones preveen que si aumentara el consumo de lactancia materna, se podrían disminuir las muertes de niños o evitar gran cantidad de enfermedades en el crecimiento o en el futuro de los bebés.

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Aunque, todos los efectos que producen son complicados de medir ya que dependen mucho del ritmo de vida, la alimentación y la situación geográfica de cada uno.

Las investigaciones y los expertos no ponen en duda que la leche natural sea mejor que la artificial, de hecho muchos elaborados llevan vitaminas o sustancias que favorecen más el crecimiento del bebé que la materna.  Pero es verdad que se han exagerado los resultados que tienen la lactancia a lo largo de la vida de los humanos, coincidiendo con la investigación sobre los efectos que lleva a cabo el médico Michael Kramer.

Dicho esto, hay estudios que demuestran que los bebés que toman leche materna tienen menos infecciones y a medida que crecen tienen menor tendencia al desarrollo de enfermedades, algunas de estas como la obesidad, cáncer o la diabetes. Además, pueden llegar a presentar un mayor coeficiente intelectual, o al menos, un incremento en el rendimiento escolar. El problema es que estos estudios son realizados a través de la observación y no de experimentos, es decir, comparan un grupo de población con otro o incluso podría realizar mediante encuestas, algo nada certero.

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Por tanto, este tema es bastante importante como para dejarse llevar por la observación y sería necesario dar argumentos y evidencias de que es cierto. Aunque, la investigación de dichas consecuencias es complicada porque no se trata como por ejemplo la relación entre el tabaco y las enfermedades respiratorias o el cáncer de pulmón, casos bastante evidentes, sino de algo mucho más complejo. #Investigación científica #Infancia