Durante las últimas dos décadas se han descubierto más de 2.000 exoplanetas gracias a varios instrumentos como el Kepler, el HARPS o el Spitzer, que han permitido a la humanidad encontrar mundos a miles de años luz de distancia. Sin embargo, recientemente un grupo de astrónomos llamado Pale Red Dot (Punto Rojo Pálido, en español) han unido esfuerzos para comprobar la existencia del algún planeta en el vecino más cercano al Sol: Próxima Centauri.

Próxima Centauri es una estrella Enana Roja de clase M5.5 que se encuentra a sólo 4,22 años luz de nosotros. Se cree que forma parte del sistema Alfa Centauri, orbitando el centro de masas del sistema cada medio millón de años.

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Ya se ha descubierto un planeta en este sistema estelar, conocido como Alfa Centauri Bb, el cual probablemente sea un desierto calcinado de tamaño similar a la Tierra.

El día 18 de enero de 2016, Ashley Baldwin (perteneciente al Pale Red Dot) declaró que habían detectado "algo de ruido" en la señal de la estrella, que según él cree "podría tratarse de un planeta de tamaño terrestre en la zona habitable y con un período de 18 días". Estas observaciones se realizaron con el telescopio HARPS ubicado en La Silla, Chile, que detecta los cambios en el espectro de luz de la estrella observada y su "tamboleo" ocasionado por los cuerpos que la orbiten. La principal razón por la que no se había buscado exhaustivamente señales en esta estrella utilizando el telescopio Kepler es debido a que ya se había descartado la existencia de planetas masivos, y porque Próxima Centauri es una estrella fulgurante (emite grande cantidades de energía en tiempos intermitentes), por lo que se pensaba poco probable encontrar además planetas de tamaño moderado en sus cercanías.

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Recientemente se descubrieron tres planetas en la Enana Roja Wolf 1061, uno de ellos también en la zona habitable de la misma. De confirmarse este descubrimiento, se habría descubierto un segundo planeta habitable orbitando una Enana Roja en nuestra cercanía, situación que entusiasma mucho a la comunidad científica, ya que este tipo de estrellas es el más común en nuestra galaxia. Una de las principales desventajas que presentaría un planeta que orbite este tipo de estrellas es que se encontraría anclado gravitacionalmente: siempre mostraría la misma cara a su sol, por lo que medio planeta siempre estaría de día y la otra mitad en una noche eterna. Sin embargo, la vida podría prosperar en la franja límite entre el día y la noche, por lo que puede seguir siendo buena idea investigar esta familia de estrellas.

Aún cuando astrónómicamente la distancia a este hipotético mundo sea corta, una nave que salga desde la Tierra a la velocidad a la que está viajando la sonda Voyager 1 (62.140 km/h) tardaría más de 70.000 años en alcanzar su objetivo.

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Adicionalmente, a pesar de encontrarse en la zona habitable del sistema, este planeta sería poco propicio para la vida a causa de las constantes liberaciones de energía de su estrella, por lo que este destino no será el más apropiado para una colonia humana. Sin embargo, de confirmarse esta información al menos queda la consolación de saber que hay planetas por doquier y que cada vez es más posible que quizás no estemos solos en el Universo y nuestra galaxia esté tan poblada como la de StarWars. #Investigación científica #NASA