En comparación con otros primates, nos concentramos los aspectos beneficiosos de el resto en unas pocas horas. Así que podemos dormir menos y de forma más eficiente.

Los seres humanos están biológicamente preparados para tener un sueño corto y restaurador. En comparación con los "primos" primates, necesitamos menos tiempo de descanso para reponernos. Así lo revela un estudio realizado por la Universidad de Duke (EE.UU), que compara los sueños de cientos de especies de mamíferos.         

En esta investigación se analizaron 21 grupos de primates: babuinos, orangutanes, lémures, chimpancés... entre otros, y también el ser humano.

Anuncios
Anuncios

Después de comparar todas las dadas se ha visto que el hombre duerme menos ya que le basta con 7 horas de sueño para realizar todos los ciclos del sueño y reparar el cuerpo, en comparación con otros primates como por ejemplo las 14 horas que necesita la especie Macaca nemestrina o las 17 de un lemur ratón gris, un lemur de Madagascar. 

El secreto está en la eficiencia. Nuestro sueño va directo al grano, es decir, gastamos menos entre las distintas etapas del sueño y más tiempo en las más profundas. Por ejemplo, en la última fase del sueño, la REM, el hombre ocupa el 25% del tiempo en el que duerme, pero en otros primates como los monos verdes africanos sólo están el 6% en esta fase.

Para llegar a estas conclusiones se analizaron más de dos mil horas de grabaciones en las que se podía ver a las distintas especies mientras dormían.

Anuncios

Las diferencias entre las especies del estudio se deben a la evolución en sí. Es decir, el ser humano ha pasado de dormir al aire libre a hacerlo en espacios cerrados y en camas, y de estar expuestos a las inclemencias del tiempo a mantener un sueño reparador en condiciones óptimas de temperatura. Todo eso hace que hayamos podido evolucionar de tal modo que podemos dormir mejor en menos tiempo del que necesitan los primates para repararse de un día agotador.                                                                                         #Estados Unidos #Investigación científica #Calidad de vida