En sus relatos de ciencia ficción, Isaac Asimov describe el primer planeta colonizado por seres humanos más allá de nuestro sistema solar (a 12 años luz de distancia). Este planeta fue bautizado inicialmente como Nueva Tierra, pero luego cambiaría de nombre a Aurora, siendo conocido como 'El Planeta del Amanecer'. A pesar de tratarse de un relato de ficción escrito hace más de 50 años, es interesante pensar que por fruto de la mera fortuna, quizás el padre de las leyes de la robótica no estaba tan lejos de la realidad.

Wolf 1061 es una estrella enana roja de tipo espectral M3V que se encuentra a 13,8 años luz de nuestro sol (se considera que esta distancia es astronómicamente corta, ya que el diámetro de nuestra galaxia es de al menos 150.000 años luz), cerca de la constelación de Ofiuco.

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Este es el tipo de estrella es más común en nuestra galaxia, y se estima que forma cerca del 70% de la población estelar. Son pequeñas en comparación con el Sol y su brillo es muy tenue, por lo que no es posible observarlas a simple vista.

El pasado 17 de diciembre, astrofísicos de la New South Wales University, en Australia, utilizaron información recolectada durante 10 años por el espectógrafo HARPS del Telescopio Europeo Austral en La Silla, Chile, y descubrieron un sistema planetario de al menos tres objetos alrededor de la enana roja. Por la masa de estos objetos, se estima que los mismos deben ser rocosos, tal como los cuatro planetas internos de nuestro sistema solar, siendo el segundo planeta el que más llamó la atención de los investigadores por su potencial para albergar vida.

Wolf 1061c es el nombre de nomenclatura de este planeta, cuya masa es 4,3 veces la de nuestra Tierra.

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Asumiendo una composición similar a la de los planetas internos del sistema solar, se estima que su radio es 1,64 veces la de nuestro planeta, clasificándose así como una Super-Tierra. Sin embargo, allí terminan las similitudes: un año solar en este mundo dura sólo 18 días terrestres, al encontrarse casi 12 veces más cerca a su anfitriona que la Tierra del Sol. Aún así, la temperatura no es extrema, ya que las enanas rojas son mucho menos potentes que el Sol, pero su extrema cercanía hace pensar con casi total seguridad que el planeta se encuentra gravitacionalmente anclado a su estrella. Esto quiere decir que, tal como la Luna siempre muestra la misma cara a la Tierra, Wolf 1061c siempre muestra la misma cara a su sol.

Es debatible si esto pueda prevenir totalmente la aparición de vida indígena en este planeta, o si evite una potencial colonización humana, ya que si bien el lado diurno podría ser demasiado caliente y el lado nocturno demasiado frío, la franja del amanecer/atardecer podría mantener condiciones aceptables para la existencia de agua líquida y, en consecuencia, de vida.

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Otro aspecto a considerar es que un planeta con estas condiciones tendría un clima extremo, con constantes tormentas que regulen la atmósfera entre sus lados caliente y frío.

No queda más que esperar nuevas investigaciones sobre este planeta y otros similares que permitan sacar nuevas conclusiones. Pero de momento, sólo nos queda imaginar cómo podría ser la vida en un mundo como este, en el cual más que ver transcurrir el día y la noche, viviríamos con la constante aurora que precede la salida del sol. Por esta razón, no sería de extrañar que este mundo termine bautizado tal como el mundo ficticio de las novelas de Asimov. #Investigación científica #NASA