Érase un genio llamado Albert Einstein, que cada idea o frase que tenía era cercana a la más pura genialidad o racionalidad. Hace un siglo, mientras tocaba el piano, le dijo a su esposa que se le estaba ocurriendo una gran idea. Se encerró en su estudio y poco tiempo después salió con dos folios escritos a mano. Así empezaba una teoría que revolucionaría la Humanidad, o le ayudaría a explicar inescrutables enigmas.

Se publicó finalmente en la revista de la Academia de las Ciencias de Prusia el 25 de noviembre de 1915. Hace una semana se cumplió un siglo de esta publicación oficial. Se le llamó Teoría de la Relatividad, y se divide en dos partes: que espacio y tiempo están unidos, y la segunda que ambos son relativos.

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La conclusión: que ambos no son uniformes y que pueden deformarse. Einstein, en su ecuación de esta teoría, que la Gravitación ya no puede considerarse como una fuerza que ejerce su poder a distancia, sino como una propiedad geométrica del espacio-tiempo.

La aplicación más conocida de la teoría de Einstein es llamada GPS (Global Positioning System), y consiste en cientos de satélites que dan la vuelta a la Tierra a una velocidad de 14.000 kms. por hora, a más de 20.000 metros de altura. Cada uno recorre una dirección diferente a la de los demás. Ello no podría entenderse sin la relatividad.

Ello se puede entender por que a una cierta altura, los satélites (y cualquier objeto o ser vivo) pesan 17 veces menos que en la superficie terrestre. Y ello es relativo, ya que los objetos no pesan lo mismo que en el suelo, o que la velocidad de los mismos no son la misma en el suelo o en altura.

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Muchos ejemplos en una ecuación muy compleja que el genio de la Ciencia supo explicar perfectamente.

Esta teoría ha servido, entre muchísimas otras cosas, para confeccionar electrodomésticos de uso habitual hoy en día, como el tubo catódico de los televisores, que generan electrones que se mueven a un 30 % de la velocidad de la luz, es decir, a 90.000 kms. por segundo.

Incluso viene en ella el color del oro, que puede ser igualmente relativo. Ello se debe, según la teoría, que un átomo de oro es un núcleo de 79 protones y otros tantos que orbitan a su alrededor. Orbitan cada uno a una distancia diferente del núcleo central, igual que hacen los planetas del Sistema Solar.

Y más detalles que no caben en un artículo tan sucinto como éste, ya que son tan complejos que necesitan explicaciones detalladas cada uno, y a su vez, explicaciones de las mismas explicaciones, o dicho más claro, explicar detalles y partes de esos mismos detalles, divididos en apartados. Aparentemente, todo esto parece sólo para apasionados de la Ciencia, las Matemáticas y la Geometría, pero si se explica y se entiende bien, puede resultar fascinante y ayuda a entender ciertos misterios de la Naturaleza, para empezar. #Investigación científica