"Los años en los que seguí a mis imágenes internas fueron la época más importante de mi vida y en la que se decidió todo lo esencial (...) Toda mi actividad posterior consistió en elaborar lo que había irrumpido en aquellos años desde lo inconsciente y que en un primer momento me desbordó. Era la materia originaria para una obra de vida", escribió Jung en 1957. No solo se interesó por el mundo de lo paranormal, la alquimia y otros asuntos fronterizos del conocimiento, sino que también experimentó en sí mismo una serie de visiones y revelaciones a través de la autoexploración. Fue un mediador —médium— entre el mundo de lo consciente y el mundo de lo inconsciente.

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Jung puso en práctica, entre 1913 y 1930, una técnica que denominó 'imaginación activa' y que llevó muy en secreto, solo compartida con su esposa y amigos de confianza. "El entrenamiento consiste, en primer lugar, en practicar sistemáticamente la suspensión de la atención crítica, con lo que se produce un vacío de la conciencia", explicó. Esa 'confrontación con lo inconsciente' desembocó en un texto que no ha visto la luz hasta 2009, ya que sus descendientes —la Comunidad de Herederos de C. G. Jung— se opusieron siempre a su publicación, aunque al final dieron el consentimiento, no sin ciertas reticencias. Nos referimos a El Libro Rojo (o Liber Novus), obra que durante décadas ha estado encerrada en una caja fuerte de un banco suizo. Fue el historiador Sonu Shamdasani quien finalmente logró convencer a Ulrich Hoerni, nieto de Jung, para poner en circulación esta magna obra revelada, fundamental para conocer aquellos aspectos más ocultos y enigmáticos de la vida de uno de los padres del psicoanálisis.

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"Quien lee o se inclina ante El Libro Rojo, quien se atreve a navegar en sus aguas, advierte que el mismo libro nos lee, toca nuestro inconsciente, susurra en nuestra vigilia y nutre nuestros sueños", señala Bernardo Nante, reconocido estudioso de la obra junguiana.

El libro original, escrito en alemán y en latín, ilustrado con bellas imágenes y encuadernado en cuero rojo, recoge sus experiencias visionarias y su intento por interpretarlas a la luz de la psicología profunda, además de explorar el significado del autoconocimiento, la naturaleza del alma y el papel de los símbolos, entre otros asuntos de vital importancia para la investigación interna que estaba emprendiendo, algo que tenía que ver con su propio proceso de individuación. Jung recibió instrucciones y enseñanzas de su espíritu-guía Filemón —un sabio gnóstico representado como un anciano con alas y barbas blancas—, y de otras entidades invisibles como Salomé, Elías, Izdubar, Amonio, etc. Conectó, al parecer, con otra realidad que se halla más allá del mundo físico, una dimensión transpsíquica (inconsciente colectivo) donde sus fantasías visuales, de contenido mitológico, parecían cobrar vida propia.

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De vez en cuando, nuestro protagonista solía retirarse a una torre que poseía en Bollingen, a orillas del lago de Zürich, para buscar dichas experiencias en soledad, como un auténtico ermitaño. Allí tuvo sueños muy significativos y experimentó estados alterados de conciencia. Esas experiencias espirituales influyeron notablemente en su cosmovisión y en el desarrollo de su teoría sobre los 'arquetipos'. “Todos mis trabajos, todo cuanto he creado espiritualmente, parte de mis imaginaciones y sueños iniciales", afirmó.

Así pues, la respuesta a la pregunta de si Jung fue un científico o un místico es muy sencilla: fue ambas cosas. #Investigación científica