Este mes se cumplen 15 años del inicio oficial de la exploración científica del Río Tinto (Huelva), cuya capacidad para albergar vida en condiciones muy extremas lo convierte en un auténtico laboratorio marciano. El proyecto se bautizó con el nombre de P. Tinto, estando implicados alrededor de veinte astrobiólogos españoles coordinados por Ricardo Amils, catedrático de Microbiología del Centro Español de Astrobiología (CAB), con sede en Torrejón de Ardoz (Madrid). Científicos de #NASA también estuvieron presentes en algunas de las primeras fases del proyecto (entre ellos, el propio director de la agencia espacial, Daniel Goldin, que recogió muestras), y cuyos principales objetivos fueron: establecer un modelo geomicrobiólogo, caracterización físico-química del río para el reconocimiento de ecosistemas marcianos, medición del nivel de biodiversidad, observación microscópica de los microorganismos presentes, etc.

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Se pudo identificar un gran número de bacterias, arqueas, protozoos y hongos filamentosos que se han desarrollado en condiciones hostiles gracias al metabolismo quimiolitotrófico (extraer la energía de reacciones químicas inorgánicas) de los sistemas procarióticos que obtienen su alimento de los sulfuros metálicos. "Estas bacterias no tendrían mayores dificultades en prosperar en un ambiente marciano", señala Amils.

Pero la gran sorpresa llegaría poco después... No solo se hallaron microorganismos procariotas, sino también eucariotas (presentes en la mayoría de los seres vivos, incluido el ser humano). Estas células datan de hace unos 2.000 millones de años, poseen un volumen 1.000 veces superior al de las procariotas, tienen citoplasma, numerosas membranas y un núcleo conteniendo ADN.

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El hecho de que estas formas de vida evolucionadas se hayan desarrollado en condiciones tan extremas (es un río que destaca por su contaminación, su bajísimo pH de 2.2 y su alto contenido de hierro y sulfuros polimetálicos), ha llamado la atención de los científicos. En mayo de 2002, Amils y otros colegas suyos del CAB y del NASA Astrobiology Institute publicaron un trabajo de investigación sobre dicho descubrimiento en la revista Nature. Las expectativas de hallar vida en Marte aumentaron considerablemente. En su día, tuve ocasión de entrevistar al doctor Juan Pérez Mercader, ex director del CAB y hoy profesor en la Universidad de Harvard, para hablar sobre la cuestión. Entre otras cosas, me explicó que "la constatación de que hay una biodiversidad bastante importante de eucariotas en el Tinto, además de haber arqueobacterias y procariotas, nos muestra que la vida es muy robusta y esto tiene implicaciones muy importantes a la hora de pensar qué tipo de vida puede haber en otros lugares del Universo".

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Las últimas misiones a Marte —con sus correspondientes robots móviles— están arrojando resultados muy reveladores. El prestigioso bioquímico Juan Oró llegó a sostener que "cabe la posibilidad de que la vida pueda existir en algunos sitios de Marte, como grietas profundas o algún lugar termal del subsuelo donde los hielos permanentes se conviertan temporalmente en agua líquida". Todas estas incógnitas podrán ser resueltas con la misión tripulada prevista para dentro de unos años, que esperemos no sean muchos. Será el momento de asegurar con total garantía que Marte gozó de una etapa primigenia semejante a la de nuestro planeta y estuvo habitado por microorganismos hace millones de años. Y también, por supuesto, se podrá averiguar si lo está actualmente. #Investigación científica