"Una mujer joven a la que yo estaba tratando tuvo, en un momento crítico, un sueño en el que le regalaban un escarabajo de oro. Mientras me narraba el sueño yo estaba sentado, con la espalda hacia una ventana cerrada. De pronto oí un ruido detrás de mí, un suave repiqueteo. Me di la vuelta y vi fuera un insecto volador que chocaba contra la ventana. La abrí y lo cacé al vuelo. Era lo más parecido a un escarabajo de oro que pueda encontrarse en nuestras latitudes: un escarabeido (crisomélido), la Cetonia aurata, que al parecer, en contra de sus costumbres habituales, se vio en la necesidad de entrar en una habitación oscura precisamente en ese momento. Tengo que decir que no me había ocurrido nada semejante ni antes ni después de aquello, y que el sueño de aquella paciente sigue siendo un caso único en mi experiencia". Esta historia, contada por Jung, describe un singular fenómeno: la sincronicidad.

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Según dedujo, frente al principio de causalidad se halla el de sincronicidad, que propone la existencia de una relación de simultaneidad significativa —o coincidencia de significado—  de dos o más sucesos sin que actúe relación causal alguna entre ellos. Esto sugiere que el espacio y el tiempo son, realmente, productos del psiquismo humano. Una idea, sin duda, revolucionaria.

Dicho estudio, desarrollado en un ensayo titulado Sincronicidad: principio de conexión acausal (1953), se fundamentó en los experimentos realizados por el doctor Rhine en la Universidad de Duke sobre la percepción extrasensorial, facultad que pone en marcha acontecimientos no causales (como la precognición). Asimismo, Jung llevó a cabo un 'experimento astrológico' para comprobar si, como sostenían ciertos astrólogos renacentistas, los matrimonios vendrían propiciados por determinadas conjunciones astrales.

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Aunque no existe una conexión causal entre ambos eventos, el psiquiatra suizo consideró que la coincidencia tan significativa hallada por él se debía a la sincronicidad.

Para Jung, existe una realidad transpsíquica (inconsciente colectivo) más allá del mundo de la psique, que no está regida por las relaciones causales en el tiempo y el espacio. Tampoco el reino subatómico está basado en la causalidad. "No solo los descubrimientos de la parapsicología, sino mis propias reflexiones teóricas me han conducido a ciertos postulados que mencionan el reino de la física nuclear y el concepto del continuo espacio-tiempo", afirmó.

El hecho de que un acontecimiento exterior (lo físico) esté interconectado con una imagen interior (lo psíquico), al margen de que dicho acontecimiento haya tenido lugar en el pasado, esté ocurriendo en el presente o vaya a suceder en el futuro, le hizo definir a los arquetipos como de naturaleza 'psicoide'. Éstos son esenciales para que ocurran fenómenos sincronísticos y, por su parte, lo emocional es fundamental para que los arquetipos se manifiesten.

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"En realidad, el arquetipo debe ser considerado como el 'arreglador' de los fenómenos sincronísticos. Es su condición, no su causa", explica Aniela Jaffé, discípula de Jung que compartió sus últimos años. ¿Son la psique y la materia dos aspectos diferentes de la misma cosa? Jung así lo creyó. La cuestión tiene profundas implicaciones filosóficas y científicas. No es de extrañar, pues, que llamara la atención de científicos como Wolfgang Pauli, premio Nobel de Física, quien compartía con Jung la idea de los factores no-causales y no-físicos que operan en la Naturaleza. 

(Continuará) #Investigación científica