Días atrás, la revista norteamericana Proceedings of the National Academy of Sciences reveló uno de los mayores misterios que envolvían a las tumbas reales macedonias. Y es que tras casi 40 años de investigaciones, y tras la participación de diferentes equipos y especialistas, el antropólogo griego Antonis Bartsiokas y el paleontólogo español Juan Luis Arsuaga han identificado los restos de Filipo II de Macedonia. Un rey que según la historia, consiguió unificar Grecia en el siglo IV antes de Cristo y fue padre de uno de los personajes más notorios de la humanidad, Alejandro Magno.

Pero los restos del monarca macedonio no son un hallazgo reciente.

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Rondaban los años setenta cuando el arqueólogo griego Manolis Andronikos encontró en la localidad de Vergina el supuesto cuerpo de Filipo II. Aquel vestigio, se halló en mitad de lo que fue uno de los mayores descubrimientos para la historia de la arqueología mundial, tres tumbas macedonias que atesoraban un incalculable patrimonio histórico y científico.

La primera de ellas, fue bautizada entonces por el equipo como la Tumba número I. Era la más pequeña y peor conservada, pero atesoraba una pintura de valor incalculable que representaba la escena del rapto de Persefóne. La segunda Tumba, la número II, regaló una sorpresa a los arqueólogos. Y es que el lugar había permanecido intacto durante más de 2000 años manteniendo reliquias y diferentes objetos de incalculable valor. La tercera Tumba, la número III, estaba también indemne aunque contenía vestigios menos valiosos.

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Los investigadores y el propio Andronikos, no dudaron entonces en afirmar que el padre de Alejandro Magno estaba enterrado en la Tumba número II. Y es que lo espectacular de la sepultura y la relevancia del personaje, apuntaban al sitio como lugar lógico para su descanso.

Pero por desdicha para los científicos, algo hacía que aquellos planteamientos no encajasen. En su día, Filipo II fue alcanzado por una lanza que le dejó prácticamente cojo. Prueba ésta, que no coincidía con ninguno de los cuerpos hallados en el interior de la Tumba número II.

Así, casi cuarenta años después y mediante avanzadas técnicas de antropología forense, el equipo liderado en otros por el paleontólogo español Juan Luis Arsuaga, se metió en una flamante investigación que ha terminado por poner las piezas que no encajaban en su sitio. Y es que el estudio llevado a cabo, ha revelado como el cuerpo del rey macedonio se encontraba en la Tumba I. Allí, y tras varias pruebas, se hallaba el cadáver en su día descartado de un varón que presentaba una importante lesión en la pierna.

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Pero todo no quedó ahí. El cuerpo de Filipo II estaba igualmente acompañado por los restos de una mujer y un niño. Así, los investigadores, y acudiendo a la historia, pronto relacionaron los cuerpos con Cleopatra, la séptima y última mujer de Filipo II, y el hijo que el rey tuvo poco antes de ser traicionado y asesinado a manos de su guarda principal. #Investigación científica #Historia antigua