El azufre es un elemento químico muy conocido por su tonalidad amarilla y su olor desagradable. Su número atómico es 16, la masa atómica 32 y el símbolo con el que se representa en química es S; en la tabla periódica se ubica en el grupo de los no metales. Se encuentra en la naturaleza tanto en forma libre como combinado con otros elementos; y en el ámbito industrial se emplea para para elaborar: sulfúrico, fósforos, caucho, tintes, pólvora, fungicidas, en fotografía para el fijado de negativos y positivos, y en medicina para la elaboración de medicamentos tales como sulfamidas y pomadas.

La geología, estudia la composición de la Tierra mediante la estimación de su densidad y el momento de inercia.

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Esto influye en el comportamiento de su rotación, tanto en la velocidad como la posición y la orientación de su eje de rotación. Como el núcleo de la Tierra se encuentra a temperaturas del orden de 6000 K, es imposible acceder para obtener su composición química, por lo que se usan datos de la sismología, ya que los tipos y características de las ondas que se propagan dependen de la composición y estructura mineralógica de los materiales. Así se hizo el descubrimiento del núcleo de nuestro planeta y hemos sido capaces de avanzar en la idea de que estaba constituido por hierro y níquel.

El núcleo de la Tierra parece ser demasiado ligero para una simple aleación de estos dos metales. Mediante el uso de los recursos de la geoquímica y la física del estado sólido, los investigadores han deducido que también debe contener algunos elementos más, que podrían ser oxígeno, carbono, silicio e incluso azufre.

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Geoquímicos, entre los cuales están F. Moynier (Institut de Physique du Globe, París) y P. Savage (Département des Sciences de la Terre, de la Universidad de Durham, Reino Unido), acaban de dar con una nueva pieza en el rompecabezas, según han publicado en Geochemical Perspectives Letters.

Geoquímica isotópica, clave para la historia de la Tierra

Han llegado a la conclusión de que el núcleo de la Tierra contiene 8.5*1018 toneladas de azufre, diez veces más que en el resto del interior de nuestro planeta. Una cantidad equivalente a 10% de la masa de la Luna.

Se basan en las relaciones de abundancia de los isótopos de cobre, 65Cu y 63Cu. Estas relaciones se pueden medir en las condritas (meteoritos no metálicos que no han sufrido procesos de diferenciación o de fusión en los asteroides en los que se originaron) y en las muestras de lava y de roca de procesos magmáticos del manto, que afloran. Por tanto, es posible estimar su abundancia en el manto y hay muchas razones para considerar que se deriva de material condrítico original.

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Si la Tierra colisionó con Theia, un cuerpo del tamaño de Marte, decenas de millones de años después de su nacimiento, el ​​calor proporcionado por el impacto lo habría derretido, permitiendo que el líquido magmático rico en azufre se sumergiera en el núcleo. Algunos isótopos de cobre son especialmente calcófilos, es decir, les gusta estar con átomos de azufre. Si Theia chocó con la Tierra, el manto de nuestro planeta debería estar empobrecido en algunos de estos isótopos, lo que se puede verificar mediante la comparación de la abundancia en relación con los de las condritas. #Investigación científica

Los investigadores han conseguido un doble éxito. No solo confirmaron el escenario estándar para el origen de la Luna, a partir de la colisión entre la Tierra y Theia, sino que han demostrado que una gran cantidad de azufre del manto migró al núcleo.