Desde que en la década de 1970 una serie de estudios relacionaran el consumo de ciclamato y sacarina con un aumento en la incidencia de #Cáncer de vejiga en modelos animales, los edulcorantes artificiales siempre han estado en el punto de mira de los consumidores, hasta el punto de que con una serie de noticias, artículos sensacionalistas y la tergiversación de datos que provocan los fenómenos de viralidad en las redes sociales, ha desencadenado que la gente dé por cierto una serie de leyendas urbanas que persiguen a los edulcorantes artificiales.

Pero, ¿Qué hay de cierto en estas afirmaciones? El problema de esto es que en la opinión pública caló esta conclusión del experimento y se dio por cierto como axioma, obviando el resto de estudios que se llevaron a cabo en las décadas siguientes.

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El mecanismo por el cual la sacarina sódica y el consumo de ciclamato producía en ratas macho un aumento en la incidencia del cáncer de vejiga se debía a un hecho no extrapolable al ser humano, y menos en las dosis en las que éste las consumía, puesto que en el estudio a las ratas se les suministraba una dosis diaria descomunal de estos edulcorantes (equivalentes a comer kilos de este edulcorante por día, cuando nuestro consumo normal se reduce a unos cuantos miligramos); esto contribuía a una acidificación de la orina y un aumento de la diuresis que de manera subcrónica podría desembocar en un cáncer de vejiga.

Como vemos, en las ratas el mecanismo de carginogenicidad era asociado a la ingesta de estos edulcorantes, pero no son extrapolables a las personas puesto que este proceso no se da en el cuerpo humano, a las dosis que nosotros consumimos diariamente.

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Una cosa parecida sucede con el aspartamo, otro edulcorante artificial en el punto de mira de la sociedad. Al metabolizarse en el cuerpo humano, se producen cantidades ínfimas de metanol, un metabolito tóxico 

Pero en realidad, el metanol es un metabolito que se genera en el cuerpo humano a partir de numerosos alimentos. De hecho, una manzana, al ser digerida genera bastante más metanol comparativamente que lo que genera una lata de refresco light que contenga este edulcorante, ¡y a nadie se le ocurriría decir que una manzana es tóxica o cancerígena!.

Pero volvamos a la sacarina… ¿Podría este edulcorante pasar de poli malo a poli bueno?. Un reciente estudio llevado a cabo en la Universidad de Florida por profesores del departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Facultad de Medicina, entre los que se encuentra Robert Mackenna ha concluido que la sacarina podría tener efectos inhibidores muy interesantes sobre las células cancerígenas.

En dicho estudio, se ha comprobado que la sacarina puede inhibir una enzima denominada Anhidrasa Carbónica IX, que se encuentra presente y sobreexpresada en numerosos tipos de tumores que constituye una diana molecular para el tratamiento antineoplásico; ya que al inhibir esta enzima conseguimos detener la acidificación característica de los tumores y por lo tanto disminuir su carácter metastásico, así como el desarrollo de resistencia contra agentes quimioterápicos de carácter básico.

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Por ello, la sacarina se podría convertir en un gran aliado para aumentar la eficacia de los tratamientos antineoplásicos disponibles actualmente y reducir la malignidad de esta enfermedad. ¿Estamos ante un nuevo caso tan usado en el cine en el que un delincuente pasa a colaborar con la policía? En realidad la sacarina después de todo, parece que siempre estuvo de nuestro lado. #Investigación científica