Para que el aprendizaje sea más rápido, la actividad cerebral del córtex frontal y el giro cingular debe ser el mínimo posible. Ambas regiones son las más tardías en el desarrollo del cerebro humano, lo que podría explicar por qué los niños pueden dominar destrezas con mayor facilidad que los adultos.

Un equipo de científicos de las Universidades de California en Santa Bárbara, Pensilvania y Johns Hopkins ha publicado un estudio en la revista Nature Neuroscience, "Learning-induced autonomy of sensorimotor systems", donde concluyen que la actividad de regiones sin relación directa con ciertas tareas ralentiza su aprendizaje.

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Según explica Soctt Grafton, uno de los miembros de la investigación: "Cuando comienzas a aprender una habilidad nueva y exigente, como tocar un instrumento musical, el cerebro usa muchos recursos diferentes en un intento desesperado por producir algo lo más parecido posible a la música. Con tiempo y práctica, son necesarias menos herramientas y las áreas motoras cargan con la mayor parte de la conducta. Lo que muestra nuestra investigación es que algunas de esas herramientas podrían ser un impedimento para un aprendizaje más profundo".

Los científicos han estudiado cómo se conectan diferentes áreas del cerebro mientras tiene lugar el aprendizaje, en lugar de la tradicional observación de puntos activos que se suele realizar con tecnología fMRI (imagen por resonancia magnética funcional).

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Se trata de ofrecer una imagen completa de la red neuronal que se distribuye por todo el cerebro y determinar qué áreas soportan el mayor tráfico de información.

El equipo empleó un método basado en algoritmos que detectan los nodos de la red cerebral y determina cómo se relacionan unos con otros. Mientras que hay nodos del circuito neuronal que están muy fuertemente conectados entre sí, el resto establece conexiones muy débiles o directamente actúa de manera independiente.

Los investigadores asignaron una serie de ejercicios a los participantes en el experimento que debían ser repetidos diez veces, y analizaron la frecuencia con que los mismos grupos de neuronas permanecían unidos durante el proceso.

Descubrieron que las áreas motora y visual soportaban una enorme actividad al principio del experimento, pero poco a poco esta actividad iba disminuyendo hasta que los nodos se iban independizando unos de otros. Así, por ejemplo, la parte del cerebro que controla el movimiento de los dedos y la región que controla la visión no tenía ningún contacto al final del experimento.

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El aprendizaje, que duró semanas, muestra que su adquisición es un proceso lento de transformaciones neuronales en que las áreas implicadas van ganando autonomía poco a poco hasta actuar sin relación con las demás. Los participantes en el experimento cuya actividad neuronal era menor, aprendieron más rápidamente, mientras que aquellos en que la actividad del córtex frontal y el giro cingular era mayor tuvieron más dificultades.

Esas áreas no están directamente vinculadas con la visión o la actividad motora necesarias para el desarrollo de la destreza. Son regiones encargadas de funciones ejecutivas, procesos cognitivos complejos voluntarios y conscientes. Quienes pueden "apagar" este tipo de funciones, terminan por dominar una habilidad menos compleja antes que el resto", afirma Daniel Bassett, director del estudio. Esto podría explicar, entre otras cosas, por qué los niños pueden dominar destrezas con mayor facilidad que los adultos.

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