La aceleración del universo se infiere del comportamiento de las supernovas. Se trata de estrellas que han explotado y emitido un brillo similar al de miles de millones de soles. Los científicos comparan la luminosidad de dos supernovas.

Si, por ejemplo, una brilla tres veces más que la otra, significa que se encuentra tres veces más cerca. Puesto que la luz tiene una velocidad concreta y requiere de un tiempo para llegar desde el objeto que la emite hasta nosotros, se puede concluir que la explosión tuvo lugar en un pasado más remoto cuanto más lejos se encuentre la supernova.

Si el universo se está acelerando, la expansión del espacio irá estirando consigo las ondas de luz que lo recorren. Cuanto más tenga que viajar una onda por ese espacio en expansión, más se estirará. Por lo tanto, la luz de una supernova lejana estará más desplazada al rojo (su longitud de onda es mayor) en el espectro electromagnético que la radiación de una supernova más cercana.

Si se compara el desplazamiento al rojo con la distancia de las diferentes supernovas, se puede reconstruir la evolución del universo, la velocidad a que se ha expandido en diferentes momentos de su pasado.

A finales de la década de 1990, se descubrió que el brillo de las supernovas más lejanas era menor del esperado en relación a las más cercanas, o sea que estaban más lejos de lo que deberían si el universo se estuviese frenando. Esto llevó a la conclusión de que el universo se está acelerando.

Para que todo esto sea válido, es fundamental que todas las supernovas estudiadas tengan el mismo comportamiento, de manera que su evolución siga un proceso común que hace posible las comparaciones.

Ahora, astrónomos dirigidos por científicos de la Universidad de Arizona han descubierto que las supernovas no son iguales, y que existen dos grupos que no se habían reconocido hasta ahora: la mayoría de supernovas cercanas pertenecen a uno, y la mayoría de las lejanas al otro.

Las diferencias han sido detectadas gracias al estudio de imágenes en el espectro ultravioleta, combinando datos del telescopio espacial Hubble y el satélite Swift de la NASA. La selección de las supernovas como balizas cósmicas se hizo en su día tras analizarlas bajo la luz visible, donde las variaciones son muy sutiles, por lo que pasaron desapercibidas.

Las imágenes ultravioletas han mostrado, según los investigadores, que las explosiones de las estrellas estudiadas siguen dos procesos distintos. Uno de ellos predominó en el pasado y el otro en tiempos más recientes. Es decir, las supernovas más lejanas pertenecen en su mayoría al primer grupo y las más cercanas al segundo. Si se analizan las estrellas del primer grupo que hay en las distancias más cercanas, se descubre que su desplazamiento al rojo es mayor que la media.

Esto significaría que el desplazamiento al rojo de las estrellas más lejanas no tiene por qué asociarse con su aceleración, sino con las características de las supernovas según el grupo al que pertenecen.

La aceleración del universo podría ser, por tanto, menor de lo asumido hasta ahora. De ser así, habría que revisar los cálculos sobre la proporción de energía oscura que se estima que existe y que se considera que impulsa su aceleración. El estudio ha sido publicado en The Astrophysical Journal bajo el título "The Changing Fractions of Type IA Supernova Nuv-Optical Subclasses with Redshift". #Investigación científica