Las necesidades energéticas de la humanidad aumentan de forma continua y para muchas naciones puede ser difícil resistirse a la tentación de utilizar todos los combustibles fósiles disponibles en su territorio, a pesar del impacto en el calentamiento global. Además, según expertos, sería necesario que algunos de estos combustibles fósiles permanecieran sin explotar. Por una parte se está impulsando el desarrollo de las energías renovables, que no producen dióxido de carbono, y por otra parte, se pretende lograr tecnología asequible para capturar el CO2 procedente de las actividades industriales, para evitar que se disperse en la atmósfera.

El físico Freeman Dyson consideró investigar cómo la vegetación del planeta puede extraer el dióxido de carbono imprudentemente inyectado en la atmósfera por los seres humanos a partir de la revolución industrial.

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La ingeniería genética podría incluso producir árboles especialmente eficaces y, además, permitir el uso de la energía solar con una eficacia al menos tan buena como la de las células fotovoltaicas actuales, mejor que las especies vivas.

Una resina que absorbe mil veces más de CO2 que un árbol

La idea es lograr una industria con balance neto de carbono negativo, por lo que es imprescindible reducir el dióxido de carbono en la atmósfera, y esta es la idea que el profesor de física Klaus Lackner, director del "Center for Negative Carbon Emissions", en la Universidad Estatal de Arizona (EE.UU.). En su currículum destaca el haber trabajado con uno de los descubridores de la teoría de los quarks, el famoso científico George Zweig, así como investigación en la fusión inercial. Este científico está desarrollando desde hace algunos años una membrana sintética capaz de extraer de forma masiva el gas CO2 de la atmósfera.

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Se trata de una aplicación de la tecnología de resinas de intercambio iónico, utilizada durante décadas para ablandar y desmineralizar agua, e incluso para el tratamiento de residuos industriales acuosos contaminados con metales pesados. En este caso, es una resina que incorpora aniones, es decir cargas positivas que pueden capturar una molécula de dióxido de carbono en cada uno de su aniones.

Según Lackner, es posible utilizar la membrana en un dispositivo sencillo de fabricar, para hacer que capture el dióxido de carbono del aire que pasa a su través, con un rendimiento del 10 al 50 %. De acuerdo con el investigador, este rendimiento es 1000 veces mayor que el de un árbol a lo largo de su vida. La resina utilizada puede ser producida masivamente y de forma barata. Cien millones de dispositivos del tamaño de un contenedor de los habitualmente utilizados para el transporte marítimo serían suficientes para resolver el problema del calentamiento global causado por el CO2. La única desventaja de esta tecnología es que sólo funciona cuando el aire está muy seco, aunque hay propuestas para solventar esta limitación.

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Otro problema sería qué hacer con el CO2 una vez capturado, la mejor solución sería almacenarlo en depósitos geológicos. #Investigación científica