L'oppidum de Corent, población situada cerca de Clermont-Ferrand (Francia), fue la capital de los arvernos. Las excavaciones llevadas a cabo en los últimos años han ayudado a identificar la ocupación espacial y temporal del territorio por parte de humanos, al menos desde el tercer milenio antes de nuestra era (ane), la influencia de estas estructuras urbanas tempranas sobre el medio natural aún está poco documentada. Al combinar el análisis de granos de polen recogidos en humedales ubicados dentro de la ciudad antigua y en niveles arqueológicos del lugar, un equipo multidisciplinar ha sido capaz de rastrear su impacto ambiental a lo largo de su historia.

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L'oppidum de Corent (también conocida como oppidum du Puy de Corent), es similar a una península natural con una superficie de 60 hectáreas. Aunque esta meseta, que domina la llanura de Limaña (Limagne), se dedica actualmente a la agricultura, no siempre ha sido así. Habitada por humanos desde el Neolítico, el sitio pasó por varias fases de ocupación. Entre los siglos II y I ane, se convirtió en la capital de Auvernia, lugar habitado por una poderosa tribu del Macizo Central galo.

Por primera vez, paleoambientalistas del laboratorio Geolab (CNRS, Universidad Blaise Pascal y Universidad Limoges) y de Maison des sciences de l'Homme de Clermont-Ferrand, asociados con arqueólogos de las unidades de investigación Arar (CNRS, Universidad Claude Bernard Lyon 1 y Lumière Lyon 2) y Traces (CNRS, Universidad Toulouse Jean Jaurès, EHESS, Inrap) lograron determinar el impacto de estas primitivas formas de urbanización sobre el entorno natural que lo rodea.

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Según el polinólogo Yannick Miras, "El sitio arqueológico Corent es particularmente adecuado para este tipo de análisis, ya que tiene un pequeño humedal cuyos depósitos sedimentarios han registrado las vicisitudes de esta larga ocupación humana". El estudio se ha publicado 8 de abril 2015 en la revista Plos One.

Una mezcla de períodos de alta ocupación

Mediante el análisis de los granos de polen de un núcleo de sedimento del humedal, los científicos fueron capaces de describir el medio ambiente natural de la meseta de Corent entre los año 4000 ane y 100. Posteriormente contrastaron esta información con la de varios restos arqueológicos (depósitos, cuevas, letrinas, etc.) que muestran los períodos de elevada ocupación humana del lugar. Los investigadores han descubierto una dinámica paleoambiental muy especial asociada a la existencia de asentamientos protohistóricos.



Hacia el final de la Edad del Bronce, entre 1050 y 900 ane, apareció una tendencia a cerrar el entorno natural, junto con un declive de la agricultura.

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Se acompañó de un aumento de la biodiversidad vegetal relacionada con una alteración del medio ambiente y el de plantas no nativas. "El hecho de encontrar granos de polen pertenecientes a especies meridionales como el castaño o el plátano podría significar que la aglomeración se estableció en una época, de comercio con el Mediterráneo", dice Paul Ledger, coautor de la obra, actualmente en la Universidad de Aberdeen (Escocia).

Entre el primer y segundo siglo ane, en el apogeo de la urbanización del lugar, el equipo encontró estas mismas particularidades. Para confirmar esta hipótesis, los científicos pretenden estudiar los sedimentos de un antiguo lago, al pie de l'oppidum. Esperan reunir pistas que muestren que la agricultura se desplazó a las zonas suburbanas como resultado de la creciente presión urbana de la capital de los arvernos #Arqueología