Un estudio realizado por diversos expertos de la Universidad de Arizona pretende averiguar las razones por las que los dueños de perros gozan de una salud mejor. Se debe a que los microbios que estos #Animales tienen en el estómago podrían tener un efecto probiótico en el cuerpo humano, facilitando el enriquecimiento de nuestra flora bacteriana.

Durante cientos de años se ha considerado al perro como el mejor amigo del hombre, y diversos estudios han constatado que las personas que conviven con estos animales pasan sus vidas en modo más feliz y más saludablemente. Hasta ahora no se sabía exactamente el porqué de esta estrecha relación, y muchos consideraban antihigiénicas algunas de las costumbres o hábitos de los dueños con sus perros.

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Y es que, los perros demuestran su cariño y afecto a través de lametones, pero también usan esta técnica para investigar todo aquello que les rodea, para lavarse, o conocer a otros animales. Así que, que tu mascota te despertase lamiéndote la cara o comiese de tu mano, eran gestos que se interpretaban como posibles situaciones de traspaso de microbios.

En este mundo desarrollado en el que el consumo de medicamentos y de antibióticos han favorecido la eliminación de las bacterias que son perjudiciales para la microbiota humana, no se ha tenido en cuenta que esos mismos fármacos provocan también la eliminación de bacterias que son beneficiosas para nosotros, como son los probióticos.

Debido al consumo de medicinales, pero también al cambio de dieta, la excesiva higiene y el poco contacto con la naturaleza han favorecido la proliferación de enfermedades autoinmunes, como el asma, la artritis reumatoide o las alergias.

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A través de diversos estudios se ha demostrado que la microbiota de los dueños de perros es más rica, al actuar estos animales como probióticos naturales mejorando la salud bacteriana o flora intestinal humana. Para determinar en qué medida afecta la convivencia, en el estudio piden voluntarios de entre 50-60 años (que no hayan estado en contacto con perros desde hace 6 meses), para convivir con estos animales al menos durante tres meses, realizando análisis continuos, no invasivos, y controlando la dieta y actividad física de los participantes tanto humanos como caninos.