En los últimos años, el ADN se ha convertido en la mayor esperanza para almacenar y conservar la información generada por los seres humanos, de manera que se pueda mantener durante cientos de miles o incluso millones de años en un espacio mínimo. La vida de una memoria USB, por ejemplo, está entre los 10.000 y 100.000 ciclos de escritura y borrado, lo que equivale a unos 30 años de uso diario.

Un gramo de ADN puede almacenar 455 exabytes de información, 455.000 millones de gigabytes. Según escribe Jacob Aron en la revista New Scientist del pasado 15 de febrero, esto es la suma que a día de hoy maneja el conjunto de las grandes corporaciones de #Internet, como Google y Facebook.

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De acuerdo a los datos proporcionados por EMC2, el universo digital llegará este año 2015 a 8,8 zetabytes, es decir 8.800 exabytes. Esto quiere decir, que toda la información digital existente en el planeta cabría en diecinueve gramos de ADN. El único problema es que el universo digital se duplica cada dos años.

Pero, además del espacio ocupado, la capacidad del ADN para resistir el paso del tiempo es difícilmente superable: se han logrado secuenciar códigos genéticos de fósiles de hasta 700.000 años de antigüedad. Aunque, eso sí, se tienen que dar unas condiciones determinadas para que esta información no se pierda con el tiempo.

Para encontrar el método adecuado, hay una empresa pionera en el almacenamiento en ADN: el Instituto Federal de Tecnología de Zurich, que está buscando la manera de hacer rentable el proyecto.

El código genético se construye a partir de cuatro moléculas denominadas A, C, G y T, mientras que la información digital es binaria, es decir, se construye con 0 y 1.

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El método más sencillo para convertir estas moléculas en bits es otoragar a las bases A y C el valor 0, mientras que G y T se corresponden al 1, algo que ya se ha hecho en otras ocasiones a menor escala. Como medida de seguridad, se incluyen bloques redundantes que permiten recuperar los datos dañados en caso de accidente.

En ocasiones anteriores, los investigadores se han encontrado con que la información se perdía con facilidad, así que el equipo suizo ha optado por buscar las mejores condiciones que se conocen para el ADN: la de los fósiles.

Para recrear las condiciones idóneas, se recurrió a la codificación del Pacto Federal de 1291, que es un acuerdo histórico entre tres cantones de la actual Suiza, y el Palimpsesto de Arquímedes, un códice del siglo X que recoge varias obras del matemático griego; juntas, las dos obras ocupan 83 kilobytes.

Las diferentes muestras de ADN que se emplearon en la prueba se guardaron a tres temperaturas diferentes: 60ºC, 65ºC y 70ºC. El ácido se mantuvo en estas condiciones durante una semana con el fin de simular un prolongado tiempo de envejecimiento.

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En ningún caso se detectaron errores.

Extrapolando el experimento a la realidad, esto significa que se pueden conservar muestras codificadas de ADN a 10ºC durante 2.000 años. Si se extreman las condiciones, el tiempo aumenta a cotas realmente longevas; por ejemplo, a -18ºC, el código genético podría permanecer inalterado durante dos millones de años.

El mayor inconveniente a día de hoy es la rentabilidad del proceso: los 83 kilobytes del experimento le han costado a los suizos mil libras esterlinas. Esto, sin duda, obligará a ser muy selectivos a la hora de decidir qué merece la pena ser conservado para la eternidad. #Investigación científica