Durante miles de años el hombre se ha visto afectado por parásitos intestinales. Lo que es menos conocido es que dejan huellas en el cuerpo por mucho tiempo. Sus huevos se conservan mediante una concha de quitina, material resistente que también integra las conchas de los insectos. El análisis de estos huevos proporciona información sobre el estado de salud de los muertos, incluso durante cientos de años y ha permitido la aparición de una nueva ciencia, la Paleoparasitología.

Dos sitios de Alsacia (Francia) en la I Guerra Mundial, Schwobenfeld y Kilianstollen recientemente fueron objeto de análisis y se encontraron cuatro tipos de parásitos intestinales, que confirmaron las duras condiciones de vida.

Anuncios
Anuncios

Schwobenfeld es un antiguo complejo militar que protegía a la ciudad de Estrasburgo bajo la ocupación alemana. Dentro de este complejo, se tomaron quince muestras para un estudio paléoparasitologico. Kilianstollen es un sistema de túneles antiguo construido durante el invierno de 1915-1916 por el ejército alemán en el oeste de Altkirch. Tras el bombardeo de la zona en 1918 por el ejército francés, la parte sur del complejo se derrumbó y veintiún soldados alemanes quedaron enterrados. Tres de los hombres encontrados durante las excavaciones arqueológicas fueron objeto de un estudio de Paleoparasitología, a partir de muestras tomadas en las cavidades abdominales.

Solitaria, lombrices intestinales y triquina, compañeros invisibles

En cada sitio, se identificaron tres parásitos: solitaria o tenia, lombrices intestinales y triquina.

Anuncios

Las tenias son gusanos planos que varían en longitud desde 2 a 6 metros, o más. Estos parásitos se transmiten con el consumo de carne cruda, o carne de res o cerdo mal cocida en la que se instalan larvas del parásito. Cuando son ingeridas por los seres humanos, se unen a la pared intestinal y se convierten en adultos. Cuando crían, las hembras ponen huevos que son expulsados con las heces. La ingestión accidental de huevos, que contaminan alimentos, agua o suelo provocan el desarrollo del parásito. La presencia de estos parásitos, por tanto, pone de relieve la falta de higiene personal y la contaminación fecal. Los síntomas asociados con la presencia de estos parásitos son generalmente leves, aunque en algunos casos, se puede presentar dolor abdominal, náuseas, vómitos, diarrea o estreñimiento.

En dos de las muestras de Kilianstollen, aparecieron huevos de un cuarto parásito, llamado capillaria, pequeñas lombrices. Los huevos que se encuentran en Kilianstollen, sin embargo, no son de las de especies conocidas en seres humanos, pero son próximos a capillaria, especie presente en roedores.

Anuncios

El descubrimiento de estos huevos en soldados sugiere la ingestión accidental de material fecal de roedores a través de alimentos o agua potable.

Los resultados de estos estudios proporcionan nueva evidencia biológica, que además del ataque por parte de otras alimañas como piojos, pulgas y ratas, algunos veteranos eran portadores de parásitos intestinales. Con la falta de higiene, proximidad, condiciones de acceso al agua, presencia de animales como ratas y la ignorancia de las enfermedades parasitarias en ese momento, se cumplieron todas las condiciones ambientales y sociales para que estos parásitos se instalaran y desarrollaran en los seres humanos. #Arqueología