Es genial tener los hechos de nuestra parte. El fundamentalista está encantado con el descubrimiento arqueológico que concuerda con las Sagradas Escrituras, al igual que el ateo se apodera de la evidencia que las contradice. Pero cuando la evidencia va en contra de nosotros, entonces somos menos propensos a cambiar nuestra creencia que a criticar la validez o la procedencia de la evidencia. Una investigación sugiere que la mera perspectiva de un hecho que amenaza nuestras creencias, nos lleva a minimizar la dependencia de tal evidencia. Nos sentimos atraídos por otras razones, menos falsables para creer. 

Justin Friesen y colaboradores llevaron a cabo una serie de estudios (publicados en Journal of Personality and Social Psychology), cada uno con cien o más participantes.

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En el primero se presentó a los integrantes un resumen de una conferencia sobre la ciencia y dios. Cuando se sugirió que la ciencia algún día podría resolver la cuestión de la existencia de dios, los participantes religiosos vacilaron en su convicción religiosa, valorándola significativamente más baja que la otra alternativa que afirmaba que la ciencia no estaba capacitada para responder a esta pregunta. La posibilidad que la creencia religiosa fuera falsable la hizo vulnerable.

Un estudio posterior presentó el descubrimiento del bosón de Higgs, ya sea como una amenaza o indiferente frente a las cuestiones de #Religión. A la pregunta, qué razones sustenta su creencia, los participantes religiosos dieron más importancia a declaraciones no falsables tales como "vivir una vida moral sería imposible sin dios" cuando se dijo que la partícula era una amenaza, y relativamente menos frente a declaraciones vinculadas a evidencias como "La evidencia histórica y arqueológica muestra cómo dios intervino en el mundo".

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Este efecto no se limita a las creencias religiosas. En otro estudio, a partidarios y oponentes del matrimonio entre personas del mismo sexo, se les mostraron datos sobre los resultados de la vida de los niños criados por parejas del mismo sexo; mediante la presentación de estos resultados como positivos o con problemas, los participantes fueron expuestos a datos que fueran compatibles o socavaran su posición. Cuando los hechos estaban de su parte, calificaron las cuestiones del matrimonio entre personas del mismo sexo y la crianza de los hijos como una cuestión de tener evidencias para decidir; cuando los hechos estaban en su contra, lo veían como más una cuestión de opinión.

Los autores especulan que esta tendencia a volver a justificaciones no falsables puede significar que muchas creencias, con el tiempo, se desprendan su componente probatorio y se vuelvan cada vez más incuestionables. Pero también hay que tener en cuenta que la falsabilidad puede tener un importante valor psicológico, por ejemplo en la creación de creencias inviolables como "el amor es real" o "el genocidio está mal",