Finales de 2013 en un hospital estadounidense, a la esposa de Michael Balzer le diagnostican un meningioma en la base del cráneo. Los médicos determinan que es recomendable operar para extraerlo. Pero dicha intervención tiene una alta probabilidad de que la paciente pierda la vista en el ojo izquierdo.  Esta es la situación en la que se encontró el matrimonio formado por M. Balzer, informático especialista en impresión 3D, y su esposa.

En esos primeros momentos, la información sobre la localización del tumor y la fisiología del cráneo de la paciente se basaba en el mapa cerebral de dos dimensiones obtenido en las pruebas.

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La cirugía aplicable en ese caso requería la eliminación de gran cantidad de tejido cerebral y una aproximación más tentativa para extirpar el meningioma, así que buscaron alternativas.

Michael se puso en contacto con especialistas que estuvieran aplicando técnicas menos invasivas, y a su vez se centró en elaborar un mapa más detallado del cerebro de su esposa. Para ello, empleando un software de distribución libre y aplicándolo en las imágenes obtenidas en el hospital, realizó una impresión 3D de dos secciones sagitales del cráneo. Ésta aportaba datos mucho más precisos sobre la localización del tumor y la fisiología del cerebro.

Este nuevo mapa en 3D concordaba con la búsqueda de cirujanos que aplicaran técnicas menos invasivas. Y así encontró el Centro Médico de la Universidad de Pittsburg (UPMC).

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Les envió la impresión y con esos datos se pusieron manos a la obra para intervenir a la paciente.

La operación resultó un éxito. Gracias a la aplicación de la tecnología de impresión 3D, los conocimientos de Michael y la innovación en cirugía menos invasiva, se logró erradicar alrededor del 95% del meningioma. Actualmente la esposa de Michael Balzer se encuentra en un estado óptimo de salud, y como se puede ver en las fotografías que el propio especialista publica sobre el proceso, es prácticamente imposible percibir que se haya sometido a intervención alguna.

Para muchos, este caso es un logro de la tecnología 3D, que verá nuevas aplicaciones prácticas en medicina a pesar de las reticencias. Para Michael, según sus palabras, “si no hubiera sido por el equipo del UPMC y su investigación en técnicas mínimamente invasivas, esto no habría podido tener un final feliz”. Sea como sea, se descubren nuevas facetas de esta tecnología prácticamente a diario, y este es un caso con final feliz que potencia su aplicación concretamente en medicina.

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