Desde hace años, médicos, científicos e investigadores han hecho factible el trasplante de órganos, huesos y hasta de médula espinal, pero difícilmente se habían planteado llevar esta ciencia a sus límites por la complejidad y riesgo que podrían suponer para los pacientes, además de los inconvenientes éticos que estos tendrían que afrontar.

Sin embargo, gracias al avance de la medicina, se ha podido llevar a cabo la producción de implantes que no implican "desechar" aquellas partes del cerebro afectadas (o la cabeza en su totalidad, como algunos polémicos experimentos científicos trataron de realizar en su época, sin éxito aparente y con resultados que muchos tacharían de escalofriantes).

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Por el contrario, se trata de mejorar o "arreglar" la zona dañada o que presente algún defecto congénito.

El objetivo de estos implantes es estimular el cerebro a través de señales para restablecer las conexiones "normales" y el funcionamiento correcto de órganos que se ven afectados por defectos sensoriales (ceguera y sordera) o parálisis total o parcial de extremidades, permitiendo la transmisión de señales desde el cerebro hasta las mismas, o también, el establecimiento de interconexiones en el propio cerebro en sí, para generar procesos que habiliten la recuperación de la memoria (en casos como los pacientes de Parkinson).

Para ello, Sam Deadwyler, del Colegio de Medicina de Wake Forest, ha propuesto recientemente una de las técnicas más prometedoras y aceptadas hasta el momento, que consiste en descifrar las señales eléctricas emitidas por el cerebro para llevar a cabo determinadas acciones, y consecuentemente, éstas puedan ser reproducidas con la misma precisión y exactitud por los implantes.

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Para su fabricación, se están buscando materiales que no dañen el tejido nervioso, pues los electrodos empleados son atacados por el sistema inmune como agentes extraños, de modo que se emplean recubrimientos con seda, hidrogeles o neurotransmisores que impulsen el crecimiento de neuronas, permitiendo crear así nuevas conexiones. #Investigación científica

Este tipo de operaciones solo se realizarán de momento con pacientes graves, aunque en un futuro, científicos como Sheila Nirenberg pretenden poner a prueba "gadgets" como "retinas artificiales" (proyecto que espera pueda llevarse a cabo dentro de pocos años) y entre los más optimistas, que optan no solo por curar enfermedades como la ceguera o la parálisis sino además, conferir "super-habilidades" a pacientes sanos con motivos meramente recreacionales.