El pasado jueves circuló por la Red un vídeo en el cual se podía observar la transformación de la Tierra en las últimas décadas en algunos lugares del mundo como Pekín o Las Vegas. En este vídeo se observa como la transformación de estos lugares, así como por ejemplo la selva amazónica, ha dado lugar a espacios humanizados, que no por ello es negativo, pero sí al ritmo y a la expansión que se aprecia en éste.

Otros lugares como pueden ser el Glaciar Columbia o la costa de Dubai, con su famosa isla artificial en forma de palmera, no hace más que sacar a la luz los conflictos entre progreso y sostenibilidad. El último caso se dio durante la reunión de los países Asia-Pacífico en Pekín.

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Debido a la presencia de numerosos líderes internacionales, entre ellos Barack Obama, el gobierno chino decidió prohibir la circulación en el área metropolitana, y cerrar las fábricas en 200 kilómetros a la redonda para reducir drásticamente la polución. Pasados estos días la ciudad se volvió inmersa en esa capa de contaminación que recorre Pekín y, como comentaban sus habitantes, si los dirigentes quieren, se puede.

Todo ello surge a pocas semanas de la próxima Cumbre del Clima en París, donde se volverán a discutir temas relacionados con el cambio climático. El presente no es muy esperanzador, aunque tanto China como Estados Unidos se han comprometido a mantener y reducir respectivamente sus emisiones, pudiendo ejercer de tractor hacia el resto de países.

En España ha surgido una transformación particular en su territorio, principalmente en las costas.

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Asociaciones como por ejemplo,  Nación Rotonda, ejemplifican en Internet algunas de las aberraciones cometidas por la mano del hombre en algunos lugares.

No se trata de enfrentar la evolución desarrollada y los cambios introducidos, aunque estos deben tener un componente de sostenibilidad para que así las generaciones venideras no tengan que solucionar lo que se está haciendo hoy en día, y siempre sin caer en radicalismos ni extremismos.