Las consecuencias del accidente del petrolero Exxon Valdez en Alaska (1989), todavía se siguen evaluando hoy a lo largo de 1100 kilómetros de costa.

Después de la catástrofe ecológica y la ignominia política del Prestige en Galicia, España (año 2002), todavía las comunidades litorales de algas, invertebrados, peces y aves marinas, continúan recuperándose. Los voluntarios siguen sufriendo las secuelas respiratorias de la exposición al combustible. El impacto del derrame fue de todo menos reversible, a no ser que consideremos la salud como algo prescindible. Sus consecuencias ecológicas, económicas y sanitarias todavía se hacen sentir doce años después.

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En 2010, en el Golfo de México se vertieron 780 millones de litros de crudo al mar desde la plataforma "de posicionamiento dinámico" de aguas profundas Deepwater Horizon, operada por la compañía BP. Once trabajadores murieron. British petroleum usó el agente dispersante Corexit para diluir la mancha en superficie. El vertido de este producto (unos 2,5 millones de litros) "de remediación", o si se quiere, de minimización del impacto, supuso daños ecológicos derivados, sinérgicos y acumulativos respecto a la emisión directa de crudo al océano. Con eso no se contaba en el presuntamente objetivo dictamen de impacto ambiental con el que se granjeó a la empresa promotora su autorización de explotación. El petróleo cubrió casi 25 km2 de lecho marino y también se diseminó en superficie.

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Ecosistemas costeros y pantanosos del delta del Misisipi, poblaciones de aves, peces, tortugas, cetáceos y otros mamíferos marinos, incluido el manatí, del que se conocen al menos tres linajes diferentes en esa región del Caribe y que se clasifica como "Vulnerable" por la IUCN, resultaron gravemente afectados.

En Israel, un oleoducto construido en 1960 por la Eilat-Ashkelon Pipeline Co., se rompió en el curso de unos trabajos relacionados con la construcción de un nuevo aeropuerto, este mes de diciembre, y se vertieron unos 5 millones de litros de fuel en la reserva natural desértica de Evrona. Las consecuencias estrictamente ambientales, directas e indirectas, van desde la contaminación irreversible del suelo, la muerte de palmeras dum (Hyphaene thebaica), desplazamiento y daños en la fauna de grandes vertebrados, la polución de los acuíferos, y, si el fuel llega a ser arrastrado por la lluvia de la temporada invernal, el impacto se extendería a los ecosistemas del Mar Rojo, donde los corales, por su parte, y sin contar con estos "imponderables", ya experimentan serias pérdidas debido al aumento de la temperatura del agua y por otras fuentes de contaminación.

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A esto cabría añadir los daños a la salud humana, el impacto derivado de las propias labores de contención del crudo (vehículos pesados circulando por la reserva, levantamiento de presas, etc.), y los no menores problemas transfronterizos de índole geopolítica en una región que no es lo que se dice un vergel de serenidad.

La mayor parte de los accidentes relacionados con el petróleo se producen en la fase de transporte, ya por barcos, ya mediante oleoductos; tampoco es desdeñable, aunque es mucho menor, con las conocidas excepciones, el riesgo durante la extracción. Por otro lado, poco o nada se hace por integrar en los estudios de impacto y en las declaraciones o veredictos de impacto ambiental las alternativas propuestas en las consultas públicas, la propuesta y análisis de alternativas, y una eficiente vigilancia ambiental. No se cumplen las garantías de observancia de la noción, estupenda teóricamente, del desarrollo sostenible. Sencillamente, porque el desarrollo no puede ser sostenible. Lo dice la segunda ley de la termodinámica.

No apelamos lo suficiente a la experiencia cuando se trata de velar por que el proceso de la Evaluación de Impacto Ambiental, fácil en teoría, pero parece que imposible en la práctica, cumpla con su propósito, que es el de evitar (o, si ello no es posible, minimizar) daños al medio ambiente y lograr la mayor integración posible de las actividades humanas. Es inabarcable el archivo de sucesos catastróficos inesperados que nunca llegaron a contemplarse en un estudio de impacto ambiental encargado por un "promotor responsable" a un "evaluador competente". Y sin embargo no aprendemos. En Canarias…