El 2 de abril comenzaba la nueva batida contra las cabras salvajes de Gran Canaria, después de la última en noviembre donde 77 murieron tiroteadas. El presidente del Cabildo, Antonio Morales de Nueva Canarias, así como el consejero de Podemos, Juan Manuel Brito, con el apoyo de PSOE, aseguran que esta "especie invasora" se alimenta de la flora autóctona de la isla, siendo la culpable de su desaparición.

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El motivo real quizás esté relacionado con una subvención de la Unión Europea para reforestar las reservas naturales de La Aldea y Agaete con pinos, cedros y demás flora vernácula al parecer muy anhelada por consejero y presidente.

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No obstante, la Comisión Europea ha comunicado que Bruselas jamás ordenó el asesinato de las cabras. El sueldo, dieta y hospedaje de los tiradores, de la empresa andaluza Doñana, rondan los 45.000€ por trece días de trabajo. El plan de matanza constituye una herencia del PP, que desde 2013 ha atacado al ganado.

El viernes, los ciudadanos se manifestaban frente al Cabildo contra la masacre. Se sumaron asociaciones como Go Vegan, Los Gatos de Carol & CIA, Libertad Felina, Protectora AnahiCanarias Adopta, Adopta un Amigo, CAR y PACMA Madrid; aunque destacó la ausencia de representación del PACMA Gran Canaria. Asistieron además medios de comunicación como RTVE1, RTVC, Radio Onda Canaria y Gran Canaria Tv, con el Padre Báez, quien fue capaz de ver las letras de A.

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Morales en uno de los carteles donde se leía "MATAR ES INMORAL".

Allí se desmintieron los argumentos del presidente, quien asegura que la matanza "es una medida estrictamente necesaria para preservar la biodiversidad de la isla". Las cabras guaniles "no se alimentan de pinos, puesto que la resina las mataría en el proceso de digestión"; en cambio, son capaces de reforestar la zona, pues "llevan el polen en su pelaje, en la cagarruta dejan la semilla y con sus pezuñas aran caminos", sin las cuales la tierra se empozaría. Se comen las malas hierbas dejando limpia la cumbre y, sin ellas, desaparece la barrilla. Es culpa del Cabildo que no haya cedros, planta de mil cuidados que abandonan después de sembrar, y muere.

Asimismo se denunció la ilegalidad del método, pues la ley prohíbe transitar en parajes protegidos, mucho más cazar. También lo es que, después de tirotear a las cabras, dejen esparcidos los cadáveres, algo penalizado por Seprona, que, dicho sea de paso, ha permitido la cacería.

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El Cabildo lo justifica como alimento del cuervo canario, casi extinto, pero el Colectivo Ornitológico lo ha desmentido afirmando que la muerte de la cabra guanil incide directamente en la extinción de aquel. Contra la matanza se han pronunciado también Izquierda Unida, Los Verdes y el candidato Pedro Toledo.

Mientras los manifestantes alzaban la voz, los cazadores actuaban en el Risco de Agaete, dejando un espectáculo grotesco. “Son expertos para que lo hagan con el mejor de los detalles, el mejor de los cuidados, el menor de los sufrimientos para el animal”, decía Morales. En cambio, las cabras quedan malheridas, mutiladas y desangrándose durante horas. Vecinos y pastores con sus propios coches las recogían para evitarles un final agónico, denunciándolo con espeluznantes vídeos que pueden verse en redes sociales.

Todos nos horrorizamos con la caza en los safaris en África donde se posa con los trofeos cadavéricos, pero la realidad es que esto ocurre más cerca de lo que creemos, en tierra canaria. Una masacre contra la cabra guanil, que antaño eran miles y, hoy, poco más de un centenar. El escenario en Agaete es dantesco: los alaridos de las cabras agonizando son sucedidos por un reguero de cuerpos sin vida que serpentean los caminos. Los cazadores se trasladan en sus vehículos oficiales con la cara tapada y, los políticos que lo han aprobado, escondidos tras un guante blanco. #Manifestación #Animales #Política Canarias