La obra situada en Paseo de Gracia 41, tiene su importancia por que fue la primera que se instaló en la llamada “manzana de la discordia”. Se dice esto, ya que en aquel momento las familias burguesas comenzaban a utilizar sus casas como vía para exhibir su riqueza y es en el Paseo de Gracia donde se situaron tres de las más adineradas casas de esa época. La Casa Batlló (1904-1906) de Gaudí, la Casa Amatller (1898) de Puig I Cadafalch y Llao I Morera (1902-1905) obra de Enriq I Domenec.

Aunque las tres cuentan con gran riqueza arquitectónica Amatller es una de las más valoradas en cuanto al patrimonio de la ciudad, ya que conserva el mobiliario original obra de los artesanos del momento y que transportan  al visitante a la vida de otra época.

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El chocolate que construyó la casa

El origen de esta construcción fue el encargo realizado por el empresario chocolatero Antoni Amatller. Hijo de chocolateros, la familia Amatller comenzó su expansión en Cataluña desde una pequeña tienda en la Calle Manresa de Barcelona. Con los años el negocio fue creciendo y fruto de la modernización que acompañó a la época, fue el propietario chocolatero quien quiso ser primero en exhibir su riqueza en la calle más transitada de Barcelona.

Tanto es así, que en el último piso instaló un estudio fotográfico y uno de los primeros ascensores de la ciudad para llegar al mismo. Una comodidad para entonces desconocida, a la que cabe sumar un montaplatos y un coche eléctrico, frente a los coches de caballos de la época.

Su aportación a la marca chocolatera fue de gran importancia, ya que le aportó el diseño que lo caracteriza.

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Las obras del artista checo Alphonse Mucha, las adquirió durante esta época y es ahora cuando forman parte del legado chocolatero. Actualmente, a pesar de que la familia Amatller ha fallecido, la fabricación se mantiene de la mano de Chocolates Simón Coll, familia chocolatera catalana que adquirió la marca a finales del pasado siglo y continúa hoy en día con su fabricación.

Historia bajo los pies

En los primeros años del siglo XX la modernización dio paso al asfaltado de la ciudad, que incorporó a sus aceras la baldosa conocida como el panot de Barcelona. Esta baldosa, compuesta por cinco círculos conectados entre sí, representa en sí a una flor. La historia de este panot, es que el primer sitio donde se encontró fue en el techo de la señora Teresa Amatller, hija del propietario de la casa. Esta flor, se inspiró en la flor del almendro, ya que el apellido Amatller, representa el almendro en la lengua catalana.

Es por esto, que aunque no está confirmado, sí se podría decir que el panot tiene su origen en la Casa Amatller de Barcelona, ya que coincide con el primer lugar de la ciudad donde apareció. 

Cabe destacar que en esta época, la ciudad vivía una etapa de modernización propiamente dicha.

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La mentalidad burguesa comenzaba a preocuparse por la higiene y la salud, lo que implicaba cambiar la apariencia de la ciudad. Se pasó de las calles de arena y los coches de caballos, a las aceras y los primeros coches eléctricos. En este momento, los artistas de la época estaban también concienciados con la política y quisieron de esta forma, implicarse con sus aportaciones para crear la ciudad modernista que es hoy en día la raíz de la historia de Barcelona. #Arte #Qué hacer en Barcelona