Un despliegue policial típico de película americana, que cuenta con la participación de la élite de agentes( GEI ). La necesidad de tantos agentes se debió a que en la vivienda tenía muchas escapatorias. Llevaban  3 años tras su pista. llevaba una barba y bigotes falsos para atracar y entraba justo cuando iba a cerrar el banco. En su primer asalto, muy bien planeado, se llevo 100 000 euros. Un buen golpe. El arquitecto no ejercía su profesión y llevaba un alto tren de vida . Mucha parte del dinero de sus botines estaba destinado a que sus hijas fueran profesionales de tenis, su mayor sueño. Se entrenan desde los 8 años con entrenadores y equipo de 1 categoría.

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El atracador administraba bien su dinero y tardó 27 meses en volver a ponerse a robar. Ganaba mensualmente con sus robos más o menos 3700 euros. Cuando el dinero se le acababa volvía a atracar. Iba cambiando de lugar según robaba. 

Nuevo disfraz para su segundo atraco. Esperó atento hasta que entró mucho dinero en el banco y actuó. Este segundo atraco lo efectuó en Barcelona, a tan solo 10 minutos de dónde vivía. Sacó la pistola, hizo rehenes y consiguió un botín de 182 000 euros. Sus armas eran falsas y se sospechaba que no sabía utilizarlas. No dejó huellas, por el uso de guantes. Su rostro no es reconocible pero sí su moto. Esta vez gasta mensualmente unos 8700 euros. Sus hijas viajan a torneos y aveces toda la familia con ellas. 

Investigando la ruega de la moto que aparecía en las cámaras de seguridad, una Ducati Monster, una moto muy cara y veloz, que usaba para huir de sus atracos, la policía fue capaz de identificar su nombre y su moto e darle la autoría de dos atracos a bancos más, 4 en total. 

Para capturarlo fueron necesarios un veintena de agentes y un helicóptero.

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Todo tenía que ser de la forma más sigilosa posible y trepando muros. La mansión estaba perfectamente diseñada para escapar en caso de peligro. Conejero disponía de una moto potente, sólo con el helicóptero podían capturarlo.  Los agentes pudieron atraparlo en pijama. Sumaba un botín de más de 350 000 euros. #Crónica Barcelona