Quizás el nombre de Martín Tarrés y Puipelat no dirá casi nada a los lectores que lo conozcan como fray Federico. Este es el nombre del religioso capuchino berguedano que será beatificado el próximo 21 de noviembre en la catedral de Barcelona -en una ceremonia que presidirá el cardenal Angelo Amato-, como mártir al haber sido asesinado en 1937 por su condición de religioso durante la guerra civil.

Fray Valentín Sierra de Manresa, archivero de la orden de los capuchinos, explicó que fray Federico nació el 8 de octubre de 1877 en una casa en la Cruz de la Piña al abrigo de la sierra de Noet de Berga. Sierra explica que el religioso berguedano estudió como alumno externo en el seminario de Solsona. Ingresó a los capuchinos de Cataluña, en el convento de Arenys de Mar. Cursó la teología dogmática en el convento de Manresa y la teología moral en el convento de Sarrià. Aquí hizo sus votos solemnes el 25 de noviembre de 1900 y recibió la ordenación sacerdotal el 24 de junio de 1901.

Fray Valentín Serra explica que el capuchino berguedano destacó «en el campo de la predicación y tuvo algunas denuncias en la nunciatura por el hecho de negarse a predicar en castellano en la misión popular de Barcelona de 1917». #Crónica Barcelona #Sociedad Barcelona

Fray Federico de Berga fue visitador del Tercio Orden de Cataluña y Balear (1916), visitador de los capuchinos de América Central (1918-21) y provincial de los capuchinos (1921-24).


En el año 1936 fue nombrado superior del convento de Arenys de Mar. Cuando se declaró la guerra civil se ocultó en Barcelona, ​​donde llevó una intensa actividad pastoral clandestina. Fue identificado como religioso y detenido en febrero de 1937. Confesó su condición religiosa y sacerdotal y fue asesinado en Barcelona en odio a la fe el día 17 de febrero de 1937. Estudioso berguedano de temas religiosos Roger Cortina señala que tiene una placa dedicada al santuario de la Virgen de la Ayuda de Barcelona, ​​en el interior de la iglesia, ya que fue asesinado volviendo de visitar la imagen de esta Virgen cuando estaba escondida en un piso particular durante la guerra civil .


Finalmente, fray Valentín Sierra expone que con esta beatificación los capuchinos de Cataluña damos gracias a Dios por el don del padre Federico y sus compañeros de martirio en la Iglesia, hombres de Dios que siguieron a Cristo hasta el final, dando la vida confesando su fe y perdonando de corazón aquellos revolucionarios que hacían persecución religiosa y que nunca más se deberían repetir.