Este árbol forma parte del Berguedá y todos quieren mostrarle su apoyo en estos momentos de flajeza y debilidad. De lejos nada indica que el Pino de las Tres Ramas le faltó hasta hace pocos días uno de los troncos. A medida que los participantes en el encuentro llegaban al lado del árbol verdagueriano lo tocaban, analizaban la hilera de cuñas metálicas que lo rodean por la parte de abajo y observaban sorprendidos su verticalidad.

Con el horizonte de las plebiscitarias de septiembre y la imagen recuperada del árbol con los tres troncos tras las gamberradas que intentaron amputarle el acopio de Castellar del Riu retoma el tono de protesta que ha tenido históricamente. #Crónica Barcelona

Fiel a su papel como símbolo de resistencia, el Aplec del Pino de las Tres Ramas volvió a unir ayer en Castellar del Riu la familia nacionalista que aún mira los Países Catalanes como patria única. Del mismo modo que la conciencia nacional, el acopio ha ido viviendo diferentes etapas, y ahora, con el horizonte cerca del 27-S, y la herida abierta de los recientes intentos de cortar los troncos, tanto del pino viejo como del joven, el encuentro ha reforzado su tono reivindicativo. Todos unidos frente a este hermoso símbolo.


Las cuñas metálicas que sostienen el tronco eran lo primero que iban a ver a medida que llegaban los 2.000 asistentes al encuentro. Una cifra inferior a la del año pasado, cuando la imagen amputada del símbolo nacional llevó más de 2.500 personas. El uno tras otro, como los familiares que visitan en el hospital un pariente operado, los reunidos se situaban ante el tronco. Lo tocaban, miraban arriba y se hacían cruces que se pudieran mantener derechas dos toneladas del símbolo verdagueriano. Pero esta imagen del árbol acuñado, y también la del Pino Joven, rodeado por tiras de fuerza a raíz del golpe de sierra que sufrió, reforzó el espíritu reivindicativo que ha tenido siempre el acopio, ya sea ahora con la lucha soberanista partes, en los años ochenta con el plan de Campllong colapsado de nacionalistas o los discretos 90, cuando el encuentro vivió una época de poca afluencia.